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January 17 La MúsicaEl 8 de octubre de 1867, la revista madrileña destinada al público femenino: El Correo de la Moda, publicaba un artículo titulado La Música, en el que su autor Fernández Arrea instruía a las lectoras de la sobre el origen y evolución de este arte; aprovechando la ocasión para introducir en él cuestiones religiosas y morales acordes con las convenciones de la época, al tiempo que recomienda su práctica a las lectoras por considerarla apropiada a su carácter y inocuo frente a otras modas extravagantes o frívolos pasatiempos a los que se dedicaba el bello sexo.
El origen de la música se pierde en la oscuridad de los tiempos. Desde los primeros momentos de la vida humana, las explosiones del alma, los acentos de sorpresa y admiración, esas notas delicadas del sentimiento, debieron herir el espacio, al contemplar el hombre, lleno de ternura ó de terror, el grande y soberbio espectáculo de la naturaleza.
La edad primera de la criatura racional fue la edad de las impresiones: ante su turbada vista orecióse el libro maravillo de la creacion, sublime como sus brillantes páginas , y eterno como el espíritu inmortal que le dio vida. Sus variados y repetidos fenómenos, esos rasgos admirables de suprema grandeza, impresionaron vivamente sus órganos, y postraron al hombre en el abatimiento profundo, ó en la mas conmovedora alegría. Juguete de sus sentidos, como pluma que lleva el viento, apenas podia detenerse en meditar brevísimos instantes sobre el infinito número de fenómenos que á su vista, y á todas horas, la próvida naturaleza le ofrecia.
Y era preciso que el sér humano espresase de alguna manera la alegría de su corazon o el abatimiento de su espíritu; era necesario que, al recorrer la multiplicada escala de sus impresiones, buscase tambien dulces cadencia, bellas armonías entre la grandeza del sentimiento y la sublime inspiracion del alma; entre el poderoso aliento del espírituo y los conmovedores y profundos afectos de su sensible corazon.
El canto de las aves, sus dulces y armoniosos trinos, sus amantes gorjeos, debieron herir delicadamente su oido: hasta el susurro de la fuente, al resbalar sus cristalinas aguas entre limpia y menuda arena, y las agitadas alas del viento, al cruzar por el bosque, llenando el espacio de tristes y melancólicos gemidos, debieron sin duda alguna, inflamar su pecho y alentar su alma para cantar, ébrio de alegría, las glorias de la creacion.
La melodía, pues, debió buscar sus acentos y las diferentes modulaciones de la voz humana en la variedad y suavidad del canto de las aves. ¿Quién no ha escuchado con infantil alegría, con inocente placer, en una bella mañana de primavera, el concierto bullicioso, el incesante piar y músico gorjeo de pintados y hermosos pajarillos que, con dulces y amorosos trinos, revoloteando de alegría, y saltando de rama en rama, saludan á la aurora, en tanto que el sol naciente despide sus rayos en hebras de oro por entre el verde follaje, hiriendo con sus finísimas puntas las trémulas gotas de rocío y el matizado cáliz de las flores? ¿Quién no ha sentido dentro de su alma, al escuchar sus sonoros cantos, los dulcísimos acentos de sus arpadas lenguas, una emocion de inesplicable alegría, esa bendita tranquilidad del alma que nos enagena y encanta, que nos arroba y trasporta á un mundo superior de purísimos goces, de celestiales dichas?
Fácil es adivinar la tierna impresion que produjera á las humanas criaturas un espectáculo tan admirable y conmovedor. Al aplicar su despierto oido, debieron intentar, acaso en vano, reproducir con la voz, por medio de diversas inflexiones, el armonioso canto de las aves; y si no lograron s deseo, procuraron, al menos, dar suelta á la poesía del sentimiento, á las explosiones del alma, á los acentos sagrados del corazon.
Bajo este concepto, la música reconoce un orígen elevadísimo, grande sublime, y tan lejano como los primeros días de la tierra.
El canto ha nacido como el hombre; testimonios irrecusables de esta verdad nos ofrecen hasta los pueblos mas groseros y salvajes.
La poesía, la música, la danza fueron, por muchos siglos, las principales, por no decir las únicas, diversiones de los pueblos.
Estas tres formas, digámoslo así, de manifestar los sentimientos del alma, han constituido siempre una parte muy esencial de los regocijos públicos y de las ceremonias consagradas al culto de la Divinidad.
Cando elánimo se halla vivamente impresionado por un acontecimiento estraoridinario, el alma siente una verdadera necesidad de espresar con dulces acentos sus emociones, de significar, bajo una forma delicada sus tiernísimos sentimientos.
Y en vano el hombre, en las grandes impresiones, pretende manifestar sus afectos, la pena que le ahoga ó la suprema alegría que le exalta, por medio de palabras fuertes ó términos expresivos, pues la pintura será pálida, débiles los colores, y el cuadro harto pobre para descubrir en él todo el fuego de la pasión, la luz que guia al alma la llama ardiente en que se abrasa el pecho. No bastan ciertamente las palabras, ni las frases mas bellas, para expresar, con la viveza y animacion del espíritu, la fuerza espansiva de los sentimientos.
Así se observa que los pueblos, desde su orígen, para conmemorar sus grandes y mas notables acontecimientos, compusieron poéticas canciones, especie de poemas en los que se conservaba la tradicion histórica de todos los sucesos.
La fuente pura de la poesía y de la música se encuentra en el corazon del hombre enajenado, del sér agradecido que reconoce y adora al Omnipotente en los innumerables prodigios de la naturaleza, en sus soberbias obras, en sus jiganestas y magníficas concepciones. No desmiente nuestra opinion el que la raza humana haya permanecido durante muchos siglos, velada por la ignorancia, sin descubrir ese supremo Sér que le dio vida, única Divinidad á quien debia consagrar todo su cariño, su profundo amor y reconocimiento; en medio de sus vacilaciones é infinitos errores, reconoció una gran verdad, porque, á pesar de sus dudas y ridículas estravagencias, sintió un vivo y constante deseo de tributar á Dios el sincero homenaje de su gratitud eterna.
Por eso hemos dicho que la fuente donde bebió la música sus primeras inspiraciones, fué el sentimiento de lo bello, de lo grande y maravilloso; porque eso ennoblece, eleva y da dignidad al alma; por eso despierta en nuestro pecho las dulces emociones, los acentos tiernos, los generosos arranques, los mas sublimes rasgos.
La música, con sus melodías, con sus suaves y dulces cadencia, con ese ritmo sagrado y conmovedor, excita delicadamente nuestra sensibilidad, adecuando el sentimiento moral hasta un grado tan poderoso de mágica influencia, que llegan á trasformarse en suaves y dulces, en expansivos y tiernos, los caracteres mas ásperos y sombríos, mas salvajes y feroces.
¿Cómo no hemos de recomendar á la mujer un estudio para el que tanto se presta su delicada organizacion?
Conságrese el bello sexo á tan agradable tarea; goce de sus inocentes y dulcísimas distracciones, y no tema que por ese camino llegue al término fatal á que conducen otras estraviadas sendas, por donde se tropieza, cuando menos con ridículos ó frívolos pasatiempos.
December 07 El baile en la Antigüedad
La revista El Correo de la Moda incluía en su número 367 publicado el 24 de agosto de 1860 este artículo sobre <El baile en la Antigüedad>, obra del escritor y periodista Enrique Hernández, en el que el autor ilustraba a las jovecitas a las las que iba destinada la revista sobre una cuestión tan en boga en la época como el baile. Respetamos la ortografía original.
El baile en la Antigüedad
A quien pertenece la gloria de la invencion del baile? De los escritores, antiguos y modernos, que se han dedicado á resolver este problema,unos se la conceden á Minerva, fundándose en que al participarla la derrota de los Titales, se puso á bailar; y otros á Castor y Polux. Luciano la atribuye a Petrea, y asegura que la enseñó a sus sacerdotisas en Frigia y en la Isla de Creta, y Teofrasto á un siciliano llmado Andou, natural de Catania. Nuestras lectoras pueden optar por la version que les parezca menos errónea. Lo que parece indudable es, que su antigüedad se confunde con la de los primeros pueblos: los Hébreos bailaron alrededor del Becerro de Oro, y Sócrates enseñó a bailar a Aspasia. Aparece igualmente demostrado que entre los antiguos no constituía un placer, sino que era accesorio importante de sus ceremonias religiosas y civiles, y que á un tiempo inspiraba simpatía y veneración. Platon, Sócartes y Licurgo dijeron de él: <que modificaba las costumbres y servia de interprete á las pasiones generosas y elevadas> Convertido en espresión de los placeres sensuales, andando el tiempo, fué proscrito. Y no debe atribuirse á otra causa que á esta el profundo desprecio que mas tarde inspiró á los romanos. Ciceron dijo: <ninguna mujer honrada y cuerda debe bailar>, y reprendió severamente al cónsul Gabino por haberlo hecho; Tiberio espulsó á los bailarines de Roma; Domiciano destituyó á los Senadores partidarios del baile, y Salustio acusó á una dama de la córte de haber bailado con mayor arte que el permitido á una mujer de sus prendas>. De lo dicho se desprende que el baile, religioso en su infancia, se convirtió, al desarrollarse, en profano. De las fiestas públicas y privadas pasó al teatro, en el que se perfeccionó hasta el estremo de conquistar la categoría de arte, dividiéndose y subdividiéndose en tantas fracciones, para satisfacer las exigencias del gusto y del carácter de la epoca, como inspiraba el genio y prescribia la índole de los actos públicos ó los placeres domésticos que presidia y animaba. He aquí los principales bailes ó danzas de las ceremonias religiosas y civiles de Grecia y Roma, cuyo recuerdo no se ha estringuido.
1º Bailes sagrados, que constituian parte del culto, y tenian lugar en los templos 2º Bailes fúnebres, que acompañaban á los entierros y se reducian á hacer ciertos movimientos graves y majestuosos, cinéndose al ritmo de la música. 3º Bailes profanos, que á su vez se dividian en:
Los bailes escénicos se reducian á cuatro
De los bailes oficiales solo mencionaremos:
La perfeccion del baile fué el signo de su muerte, porque lo perfecto no es del mundo. Estinguido con el último rayo de la civilización romana, surgió de su ocaso en la edad media, á la voz de un Médicis, á quien, según un escritor, se debe el renacimiento de la Pintura y la Música, de la Poesía y del Baile en Italia. Italia, pues, de la que ha dicho Silvio Pellico <que es cuna de todas las artes>, puede y debe ser considerada como madre del baile moderno.
Enrique Henandez
June 26 Las Miniaturas José María de Larrea abre el número 370, del año X, de la revista madrileña destinada al público femenino con un artículo arreglado del francés bajo el título: <Las Miniaturas>, con el que intenta instruir deleitando a sus asiduas lectoras; la revista se publicó el 16 de septiembre de 1860, respetamos la ortografía original
LAS MINIATURAS
No será la primera vez que las lectoras del correo habrán oído hablar de los ellos dibujos que en los antiguos libros manuscritos ocupaban el lugar de los grabados que hoy adornan las obras que llamamos ilustradas; pero como serán pocas las que hayan podido ver alguna de estas preciosas iluminaciones, que se encuentran únicamente en antiquísimos códices, guardados cuidadosamente en privilegiadas bibliotecas ó en el gabinete de algun curioso bibliófilo, creemos que nos agradecerán les demos algunas noticias acerca de ellas. Si empezamos diciendo que miniatura es sinónimo de rúbrica, podrá esto á primera vista parecer estraordinario, y, sin embargo, veremos que no es difícil de comprender. Designábanse con la palabra rúbrica las letras encarnadas en los Ibros, de donde vino despues el dar el mismo nombre de rúbrica á la parte impresa con tinta encarnada, y posteriormente en caractéres itálicos en los misales y otros libros litúrgicos y hábiles calígrafos se ocupaban en copiar libros. Para que fuera mas fácil al lector encontrar el principio de los capítulos ó de los párrafos, empezaban por una letra encarnada, dándole este color con minio, que es un óxido de plomo: con el fin de hacer estas letras todavía mas visibles se las adornaba con arabescos, rasgos y hojas con las que los pámpanos de la viña, concluyendo por decorar los libros con dibujos, que recibieron el nombre de viñetas ó de miniaturas, porque reemplazaban a los adornos de hojas de viña y á las letras pintadas con minio. Estas pinturas, estas iluminaciones, hechas con mas ó menos talento, según el gusto del siglo y la capacidad del autor, eran siempre de pequeñas dimensiones y de un trabajo prolijo y minucioso. Encuéntranse ya miniaturas en manuscritos del siglo V, y el buen gusto que en ellas se observa continúa hasta el siglo X, en que se pierde para no volver á aparecen hasta el XIV, época en que presentan un verdadero mérito artístico. Las miniaturas dan un gran precio á los manuscritos, porque nos representan los trajes, armas y muebles de la época en que han sido hechas;; y aun algunas son copias de figuras mucho mas antiguas, de modo que nos conservan las imágenes de objetos perdidos hace mucho tiempo y que no conoceríamos quizá á no ser por este medio. El mas antiguo manuscrito que se conoce con miniaturas es el de Virgilio, que existe en la biblioteca del Vaticano. El manuscrito de Froissard, que se halla en la biblioteca imperial de París, es una fuente inagotable para obtener datos sobre un gran número de puntos de la historia de Francia y de la de Inglaterra. El Libro de los Torneos, publicado por el rey Renato, ofrece tambien muchas curiosidades. No es posible olvidar Las horas de Ana de Bretaña, el mas bello y rico manuscrito de este género que se conoce, verdadero modelo de arte. Las viñetas del manuscrito del evangelio de San Cuthbert, hechas por San Ethwald, ilustran muchos puntos relativos á la historia de las artes en Inglaterra. La paráfrasis poética del Génesis, escrita por Coedmon en el siglo XI da á conocer los instrumentos y utensilios de que se servían los anglo-sajones. Las miniaturas que acompañan la Historia de Ricardo, contienen los trajes de guerra del principio del siglo XV. En la catedral de Pisa existe un libro de coro en vitela, que se cree debe ser del siglo XII, donde Exulted que se canta el Sábado Santo, esta adornado con miniaturas representando animales y plantas. En España tenemos varios códices manuscritos con miniaturas, especialmente en la biblioteca nacional de Madrid y en la del Escorial, entre los que citaremos el célebre Códice Vigilano, que contiene todos los Concilios, desde el primero de Nicea hasta el décimo séptimo de Toledo, ademas de varias cartas pontificias, etc., remontándose su antigüedad al año 976, y estando escrito con hermosa letra gótica y adornado con miniaturas iluminadas; el Códice Emilianense escrito el año 994; el Códice arábigo escrito en el siglo XI; la Biblia manuscrita, con viñetas, del siglo XII, que regaló á la catedral de Toledo San Luis rey de Francia; y el precioso libro de coro con iluminaciones de Juan y José de Salazar, que se conserva en la biblioteca de la misma iglesia. En todas las naciones de Europa se encuentran generalmente miniaturas; pero en Francia y en Flandes es donde hizo este arte mayores progresos y donde mas llegó a generalizarse. Siguiendo las diferentes épocas históricas y ha medida que las tinieblas de los siglos de la edad media se disipaban ante los primeros destellos del renacimiento de las artes, los miniaturistas fueron perfeccionándose así en la composición como en el colorido. La época en que en Francia alcanzaron mayor grado de perfeccion, fue el reinado de Carlos V, cuyo hermano el duque de Berri era muy aficionado á los manuscritos adornados de este modo. A pesar del gran número de miniaturas que existen muy pocas llevan los nombres de sus autores, monjes la mayor parte de ellos. Entre los que han llegado a nosotros, podemos citar á Oderico de Gubio, canónigo de Siena, que vivia en 1233, citado por el Dante, Guido de Siena y Simon Menemi, que vivian en la misma época; Francisco de Bolonia, discípulo de Oderico; Cibo, monje del siglo XIV; fray Bernardo, que vivia en 1450 y que recibió el nombre del Bountalenti; Gerardo, muerto en 1470; Bartolomé Della Gatta, abad de San Clemente en 1490; Agosto Decio, milanés; J. B. Stefaneschi, religioso; Pedro Casarei, de Perusa, que adornó con miniaturas varios manuscritos que se conservan en la catedral de Siena; el padre Silvestre, religioso de Florencia; el padre Piaggi, teatino; Fonquet, miniaturista de Luis XI; Antonio de Compaigne, enterrado en París en la iglesia de San Severino; Julio Clovio, muerto en 1578, del que se conserva un misal adornado con viñetas del mejor gusto y excelentes dibujos; Gerónimo Ficino, que vivia en 1550; Jacobo Argenta de Ferrara, en 1561; Ana Seghers, en 1550; Juan Miclich, en 1572; y los ya espresados Juan y José de Salazar, naturales de Toledo, que vivian á fines del siglo XVI y principios del siguiente. Despues del descubrimiento de la imprenta los miniaturistas se ocuparon en adornar las iniciales de los libros ó en pintar viñetas al principio y al fin de los capítulos, especialmente en los misales y libros de horas; pero bien pronto los libros se multiplicaron tanto que hubiera sido difícil continuar iluminándolos de este modo. Estas pinturas han sido sustituidas mas modernamente con grabados llamados también viñetas, aunque ya no ofrezcan semejanza ninguna con los pámpanos de la viña. Los miniaturistas é iluminadores tuvieron, pues, que abandonar los libros y dedicarse á pintar otras cosas, especialmente retratos, que por su pequeñez conservaron el nombre de miniaturas. Adornábanse con estos retratos cajas de tabaco, brazaletes y hasta abanicos; y nuestros padres se retrataban en miniatura en las solemnes ocasiones de un casamiento, ó de una ausencia, etc. Ahora no habrá muchas de mis bellas lectoras que no posesa cien tarjetas-retratos en cartera, amén de otras ciento en circulación. El daguerrotipo y la fotografia han matado los retratos en miniatura, como la imprenta mató las miniaturas en los manuscritos. (Arreglo del francés)
José M. de Larrea June 25 Dante IIIA continuación insertamos el siguiente capítulo de la biografía de Dante Alhigieri que Cayetano Vidal publicó en el número 362 de la revista madrileña, destinada al público femenino, <El Correo de la Moda>, que vió la luz el día 16 de julio de 1860. Respetamos la ortografía original.
DANTE II. LEYENDAS (Continuación)
Algunos años habian transcurrido: el proscrito de Florencia arrastraba sus dolores y amarguras por las estrechas calles de la Cité, procurando apagar la memoria de las grandezas pasadas con la asistencia á las sesiones de la Sorbona, ó con la composición de aquellos inspirados conceptos, que constituyendo cada uno de por sí un robusto y bien labrado sillar, juntos debian componer el magnífico y sin par monumento levantado á la memoria de una mujer. Pero ni el triunfo obtenido sobre los doctores de aquella academia, cuyas cuestiones analizó, y digámoslo así, desmenuzó juntas y detalladamente; ni la aureola de gloria que debía rodear su nombre en lo porvenir, cuyos destellos entreveia en sus sueños de poeta, amortiguaban en el pecho el amor á la patria, a aquella patria que tan ingrata fuera con el defensor de sus libertades. Llegó un dia en que la reaccion torno a consolidarse en Florencia, y entonces haciendo un estraordinario sacrificio de amor propio, solicitó que se levanara la sentencia que le obligaba a vivir lejos de su bel San Gioanno. Más como para alcanzarlo se le impusieron severas humillaciones y bajezas, devorando sin duda las lágrimas que le arrancaran el dolor y el despecho, contestó con magnánima entereza: <Que en todas partes iluminaria el sol, y que si bien amargo, jamás le faltaria el pan.> La nieve de los años comenzó sin embargo á caer sobre aquella naturaleza gastada por los pesares, por los trabajos y por el estudio. Las húmedas y sombrías calles de la Cité traian con mas frecuencia á la memoria del peregrino las rientes praderas y floridos vergeles de su amada Italia: el aspecto del París del siglo XIII le hacia suspirar por su Florencia, con sus palacios, sus iglesias y sus castillos de gusto tan puro y delicado como los chapiteles, portadas y rosetones de Nuestra Señora, cuya grandiosa fábrica se acaba de construir. Apoderóse de él esa terrible enfermedad que se llama nostalgia, y á pesar de que pocos meses antes habia rechazado las proposiciones degradantes mediante las cuales se le consentia volver á su patria; á pesar de que se le representaba viva la memoria de aquellas humillaciones de que fuera víctima al entrar y salir de la casa agena en busca del amargo pan de la emigración, se decidió á volver á Italia. Allá en la antigua é ilustrada Ravenna, conservaba un amigo, que nunca, ni en sus dias de gloria, ni en sus años de infortunio olvidó al soldado de Campaldino. Guido Novello, seor de Polenta, moraba en aquella ciudad, y allí dirigió sus pasos el desterrado por los odios de partido.
¡Cuánta ternura, cuántas lágrimas, cuántos recuerdos, cuántos odios, temores y esperanzas se agolparian en la cabeza y el corazon del cantor de Francesca al poner la planta, después de quince años de ausencia, en las comarcas italianas! Y sin embargo pronto nuevos pesares debian lacerar su atribulado corazon. Al atravesar las ciudades güelfas, mal apagados aun los rencores de banderia, salian las mujeres y los niños, y acompañaban con rechiflas y maldiciones al desventura gibelino, que viejo, decrépito y desesperado, regresaba al suelo pátrio. Las mas prudentes, contenidas quizás por el respeto y la preocupación, apretaan contra su regazo á los pequeñuelos, y con misterioso tono y siniestro ademán les decian: <veis á aquel hombre? Pues ha estado en el infierno>.
Por lo menos si Dante hubiese podido oir semejante observación, habriase regocijado al considerar que su Cántico del Infierno, la primera parte de su poema, el dilatado manuscrito que entregara quince años antes al prior de Santa Croce se habia generalizado, ya que hasta las mujeres en su piadosa preocupación creian que el cantor de las miserias humanas habia realmente presenciado los cuadros de horror y desesperacion, hijos solos de su ardiente fantasía y observacion profunda y detenida.
Cuéntase, sin embargo; y esto pudo compensar en parte al vate florentino de tanto desprecio como habia debido apurar, que al discurrir por una de las calles de otro de los pueblos a atravesar debia para llegar á la mansion de Guido, oyó á un chapucero que el compás de su martilleteo entonaba, ó que mejor decir, destrozaba los preciosos versos de aquella cancion que compusiera un dia en honor de Beatriz; aquella cancion que puesta por Dante en boca de Casella empieza: <Amor che nella mente me raciona.>
Entonces entró en la tienda, y topando cuanto halló á mano echólo por el suelo, diciéndole al atónito menestral: -- <Tu musitas mis versos y destruyes mi propiedad, yo arrojo al suelo los instrumentos de tu oficio: estamos pagados.>
Cayetano Vidal April 21 DANTE IIInsertamos a continuación el siguiente capítulo de la biografía de Dante Alhigieri que Cayetano Vidal publicó en el número 361 de la revista madrileña, destinada al público femenino, <El Correo de la Moda>, que vió la luz el día 8 de julio de 1860. Respetamos la ortografía original.
Dante II. Leyendas
DANTE, como todos los génios privilegiados, que han dejado profundamente impresas las huellas de su peregrinación sobre la tierra, ha merecido de la posteridad ese tributo especial; ese simulacro de adoración, que si en parte desvirtúa la esencia histórica de la vida del hombre que se pretende inmortalizar, indica el grande aprecio y consideración en que lo han tenido sus semejantes, ya que han visto ó han pretendido ver en el circunstancias extraordinarias, maravillosas, podríamos decir, y que bastarian por si solas para distinguirle, no solo del vulgo de las gentes, si que tambien del comun de los que con sus obras ó con su ejemplo ilustran ó guian á la desvalida humanidad. Homero, Virgilio, Tasso, Camoëns, Milton –y no se crea que porque limitemos nuestras citas a los autores de los mas notables poemas, pretendamos que no las hayan merecido otros tambien- tienen sus leendas, que rodeando su nombre cual con celestial aureola, hacen que veamos sus colosales figuras al través de una luz maravillosa y sobrenatural, que á nuesro entender personifica completamente la imagen del GENIO. Verdad es que si dejándonos guiar simplemente por esa falsa luz, quisiéramos conocer y estudiar el carácter y los mas pequeños detalles de la vida de tál ó cuál escritor, lejos de alcanzarlo caeríamos en el estremo opuesto. Mas la sana crítica, depurando la sustancia, y quilatando el valor de esas tradiciones, de esas leyendas, de esas anécdotas, con que la posteridad muchas veces, y otras los mismos contemporáneos han engrandecido la vida de sus héroes favoritos, á la par que sondea hasta los mas recónditos pliegues de su corazon, comprende la influencia que han ejercido sobre la humanidad, toda vez que ha querido ver en ellos algo mas que un hombre, bien asi como ha señalado la intervencion de un poder sobrenatural, maléfico ó bienhechor, en la realización de esos soberbios monumentos que, hijos de otras edades, desafian indiferentes los rigores del tiempo y la destruccion de las generaciones á pesar de su sencillez, ligereza y aparente debilidad. Nada tiene, pues de estraño que DANTE, el inspirado vale Florentino; el inmortal cantor de Francesca y Beatriz; el fogoso pintor de terrible Hugolino y de la dulcísima Rosa del Empireo, tenga tambien sus leyendas, sus tradiciones, y sus peregrinas anécdotas; ya que para ello se reunian las circunstancias especiales de su vida toda, desde que niño abre un templo de amor en su corazon á la cándida Beatriz, hasta que despues de haber ocupado los mas altos destinos, y sufrido la mas amarga emigración, muere poco menos que abandonado lejos del pátrio hogar; y lo estraño, lo original, lo inspirado y sublime de su obra inimitable. Hay mas aún: existen en el corazon y en vida del hombre ciertos misteriosos arcanos, ciertos acontecimientos extraordinarios, que no caben dentro del cuadro de la mas acabada biografía, y que la mayor parte de las veces pintan por si solos un personajes, ó por lo menos completan su figura. La anécdota y la leyenda, si quiera sean imaginadas, llenan casi siempre este vacío. Vamos, pues, á dar á conocer á nuestras lectoras algunas de las mas notables relativas á la vida de Dante, ypor ellas se acabará de comprender al poeta cuya biografía tenemos publicada. I Defendido de las frías brisas de los Alpes por un pequeño montecillo, y bañado sus plantas en la majestuosa corriente del Magra, levantábase risueño y encantador en rende de unos de esos pintorescos valles en que tanto abunda la bellísima Italia, el monasterio de Santa Croce del Corvo, construido en 1176 por el piadoso obispo de Luni. La primavera de 1306 tocaba a su término, y á la hora del crepúsculo de uno de sus mas hermosos días, se dirigia á él con paso lento y mesurado, un hombre que si por su apariencia general demostraba hallarse en los mejores años de su vida, las profundas arrugas que cubria su semblante, hacian creer tocaba la ancianidad. Su decaido espíritu se reanimaba con la aproximación al monasterio, y las lágrimas que coco antes, como involuntariamente desprendidas, rodaban perezosas por sus enjutas mejillas, evaporándose absorvidas por el suave ambiente de la tarde, que al acariciar la ensortijada y negra cabellera del triste peregrino, le llevaba confundidos los cercanos sones de una campana, con todos esos vagos rumores que se escapan de la naturaleza al despedirse de la luz del sol. –<Ingrata, ingrata patria>- decia de vez en cuando, y cual si estas palabras trajeran á su memoria un mundo de grandezas perdidas y dolores pasados, y un porvenir de incertidumbre y amargura, cubria de nuevo su semblante mortal palidez, y precipitaba el paso para llegar cuanto antes a la casa del Señor, cuyo cimbalo tan elocuentemente llamaba á la oracion. -- Qué buscais, hermano?—le dijo el venerable Hilario, prior de la comunidad, no bien vencido por el cansancio y la fatiga se dejó caer, mas bien en llegó sobre las gradas del atrio. -- Paz, paz para mi alma dolorida. --¿Cuyo es, pues, vuestro nombre? – repuso el sacerdote, imprimiendo un ósculo de santo amor en la frente del peregrino. -- Mi nombre!…. Ah, ved en mi al caido Prior de la envilecida Florencia! -- Luego sois… -- Si, Dante, Dante Alhigieri. El que por amor á la patria blandió en Campaldino la espada del soldado; el que por amor á la patria arrostró en Roma en Hungría, en Nápoles y en París, las iras y el desprecio de los Monarcas, á los cuales fué enviado; el que or amor á la patria abandonó el partido de sus mayores; el que por amor á patria, en fin, se ve hoy proscripto, errante, condenado á ser quemado vivo si de nuevo pisa los umbrales del pueblo que le vió nacer, y forzado á alentar su miserable existencia, mendigando el amargo pan de la emigración.. Allá, al otro lado de los Alpes, existe una ciudad en la cual las artes y las ciencias tienen abierto un templo; allí se dirigen mis pasos, mas antes de abandonar el suelo de mi querida Italia, quiero dejarle una memoria que mantenga vivo el recuerdo del pobre proscripto. Así diciendo, y mas calmado de su agudo dolor, sacó de su seno un abultado rollo de blanco pergamino, y entregándoselo al prior dio: -- He aquí la primera parte de mi poema: es el Cántico del Infierno. Desde los que delinquen por su indiferencia, hasta los sacrílegos que reniegan de su Dios; desde los que obedeciendo a livianas pasiones olvidan sus deberes, hasta los que movidos por el espíritu de partido, se ensañan contra sus enemigos, todos se hallan en él sufriendo los mas horrorosos suplicios.- Remitidlo á vuestro amigo y el mío Ugucione Della Faggliola, y decidle que lo conserve como recuerdo del que sucumbió por su amor a la libertad. Dijo, y abrazando al buen sacerdote tomo de nuevo la ruta de los Alpes. ________________
Quién sabe! Tal vez al recordar mas tarde la placentera escena de Santa Croce del Corvo, y la apacible calma de la naturaleza que entonces le rodeaba, prorrumpia en aquellos sentidos versos que tan profundamente hablan al corazon.
Era gia l óra volge il disio Ai naviganti, e internerisce il core Lo di che han delto ai dolci amici a dio; E che lonuovo peregrin d’ amore Punge, se ode squilla di lontano, Che paia il giorno pianger che si more (Purg. VIII 1.2.)
Cayetano Vidal
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