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9月26日 DANTE IVA continuación insertamos el último capítulo que Cayetano Vidal, le dedica a la biografía de Dante Alighieri, publicado el 24 de julio de 1860 en el número 363 de la revista madrileña destinada al público femenino El Correo de la Moda. Como es habitual se respeta la ortografía original.
DANTE III. Leyendas. (Conclusión)
Sí Dante de regreso á Italia, y gozando en la morada de Novello la
calma y tranquilidad compatibles con su azarosa existencia, y su porvenir poco
espuesto ya á rudos contratiempos, quiso alguna vez lanzar una mirada
retrospectiva á su peregrinación sobre la tierra, debió estremecerse de dolor y
de orgullo; de dolor al considerar las tempestades que le combatieron constantemente;
de orgullo recordando que merced á su indomable fuerza de voluntad, jamás habia
cedido, ni aun cuando el amor de patria, ese sublime y sin igual sentimiento
con que Dios ha enriquecido el corazon humano, mortificaba su espíritu hasta el
estremo de hacerle enfermar. Y en efecto: pocas existencias se encuentran tan
trabajadas como la del inmortal cantor del Paraiso;
pocos génios han alcanzado la gloria á mas precio que el vate de Florencia:
porque si bien algunos han arrastrado una vida de miserias y padecimientos, la
misma constancia, la monotonía, digámoslo así, de los acontecimiento que
durante ella han esperimentado, ha debido acostumbrarlos á aquel triste mal
estar: mas en Dante se observa todo lo contrario: su vida toda es un contraste
continuado, y en ella se observa constantemente que cuando á fuerza de
sacrificios ha alcanzoado un triunfo, el mas amargo y desgarrador acontecimiento
ha sucedido á aquel. Niño aun ofrece casta adoración á la cándida Beatriz, y feliz con poder quemar pudro incienso á sus piés, la vé arrebatada á su santo amor. Blande su espada en el combate; deja oir en la tribuna su elocuente voz; lucha con todas sus fuerzas en defensa de la patria, y llega á poder regir sus destinos, desempeñando el cargo de Prior; pero esto mismo le acarrea una inmensa cadena de padecimientos abarcados todos en la mas horrible é injustificada expatriación. Entabla en suelo estraño, y lejos de todos los séres queridos, una lucha de inteligencia con los hombres mas sábios de su tiempo; brilla en la Academia de la Cité; su nombre es repetido y vitoreado por los individuos de la Sorbona; los doctores le aclaman su igual; y tiene el pesar de no poder alcanzar la investidura, porque falto de recursos, y necesitando hasta lo mas necesario para el sustento, no pudo hacer frente á los dispendios que ocasionaba aquella especie de coronación. Podríamos multiplicar los ejemplos; podríamos añadir nuevos contrastes á los que dejamos apuntados, y aun así no agotaríamos la série de los que experimentó Dante en el curso de su peregrinación. Nos haremos cargo sin embardo del último de su vida, ya que él nos pone, por decirlo así, en camino de saber la leyenda del hallazgo del poema. Ya en Ravenna, y pisando el suelo
italiano, el que durante tantos años suspirara por volver a él, ocupábase Dante en la corrección de los tres cánticos
de la Divina Comedia; pero ni el
cuidado que ponia en semejante trabajo, ni las caricias de sus hijos Pedro y
Jacobo, bastaban para extinguir la melancolía que tanto tiempo hacia se
apoderára de su corazon. Diríase que al encontrarse con los acontecimientos de
su vida, débilmente indicados en las páginas de su obra, enconábanse las
heridas que su época y los hombres abrieron en su en su alma. En tal situación, Guido Novello le confió una embajada, que debia desempeñar ante el Consejo de Venecia; y á pesar de la práctica que tenia en semejante clase de negociaciones, pues durante su carrera diplomática habia desempeñado en diferentes cortes el cargo de Embajador; y á pesar de sur sumamente sencilla la mision que se le confiára, salió mal de su cometido, mas que por falta de espereriencia, por las infundadas negativas de los Senadores venecianos. La medida se hallaba colmada, y una sola gota mas era suficiente para hacerla desbordad, así es que bastó la amargura de este nuevo contraste para acabar con la vida de Dante. El mal resultado de su mision produjo en su alma tan hondo pesar, que ni las nuevas muestras de aprecio y simpatía que le diera su amigo Novello; ni la amistad con que le honraban hasta algunos de los que en otro tiempo fueron sus detractores, ni el rumor de su futura gloria, que ya cual suave susurro de aura armoniosa por todas parte le seguia, fueron suficientes á extirpar, ni bastantes para reanimar su abatido espíritu. Postrado en el lecho del dolor; sonriendo tristemente al despedirse de sus hijos; vislumbrando la imperecedera felicidad de aquel Empíreo que solo débilmente pudo bosquejar, vistiendo el habito de franciscano, cual lo hiciera durante su peregrinación por la mansion de las sombras; y alargando la descarnada mano á aquella Beatriz que le sirviera de guia, cuando Virgilio le dejó en los límites del Paraíso, entregó su alma al Criador el 27 de Junio de 1321, á la edad de 56 años. Pero Dante despertó génio sobrenatural en el lecho donde se habia dormido hombre. Escuchemos la leyenda. Seguida la muerte de Allighieri faltaban los últimos cantos del poema, en cuya composición tantos años habia invertido: todas las diligencias eran vanas, y sus amigos y admiradores desconfiaban de ver otra vez aquellos canto que tan bellas y atrevidas imágenes contienen, como son sublimes y grandiosas sus descripciones y pensamientos. Perdian ya hasta la última esperanza de hallarlos entre sus manuscritos, cuando su hijo Jacobo soñó que se le aparecia el poeta, vestido de blanco, orladas sus sienes de inmarcecible laurel. - Vives? Le dijo gozoso el amante hijo. - Si, mas la verdadera vida, no la vuestra. - Y…. terminasteis vuestro poema antes de alcanzar la celeste gloria? - Sí. - Entonces dó se hallan los últimos cantos del Paraíso? - Sígueme.
Tomándole entonces de la mano condujóle á su antiguo dormitorio, y levantando un tapiz que ocultaba un hueco abierto en el muro, le dijo.—Aquí está lo que buscais.— Cesó en ese momento el ensueño; pero queriendo convencerse de que era realidad lo que solo podía ser ilusión, pasó Jacobo á la cámara que envida ocupara su padre; levantó la antigua tapicería; apretó el resorte que disimulaba la ignorada abertura, y revueltos con otros manuscritos encontró el piadoso hijo los últimos cantos de la obra que debía hacer á su padre inmortal.
Cayetano Vidal.
Villafranca del Panadés. 1860 4月21日 DANTE IIInsertamos a continuación el siguiente capítulo de la biografía de Dante Alhigieri que Cayetano Vidal publicó en el número 361 de la revista madrileña, destinada al público femenino, <El Correo de la Moda>, que vió la luz el día 8 de julio de 1860. Respetamos la ortografía original.
Dante II. Leyendas
DANTE, como todos los génios privilegiados, que han dejado profundamente impresas las huellas de su peregrinación sobre la tierra, ha merecido de la posteridad ese tributo especial; ese simulacro de adoración, que si en parte desvirtúa la esencia histórica de la vida del hombre que se pretende inmortalizar, indica el grande aprecio y consideración en que lo han tenido sus semejantes, ya que han visto ó han pretendido ver en el circunstancias extraordinarias, maravillosas, podríamos decir, y que bastarian por si solas para distinguirle, no solo del vulgo de las gentes, si que tambien del comun de los que con sus obras ó con su ejemplo ilustran ó guian á la desvalida humanidad. Homero, Virgilio, Tasso, Camoëns, Milton –y no se crea que porque limitemos nuestras citas a los autores de los mas notables poemas, pretendamos que no las hayan merecido otros tambien- tienen sus leendas, que rodeando su nombre cual con celestial aureola, hacen que veamos sus colosales figuras al través de una luz maravillosa y sobrenatural, que á nuesro entender personifica completamente la imagen del GENIO. Verdad es que si dejándonos guiar simplemente por esa falsa luz, quisiéramos conocer y estudiar el carácter y los mas pequeños detalles de la vida de tál ó cuál escritor, lejos de alcanzarlo caeríamos en el estremo opuesto. Mas la sana crítica, depurando la sustancia, y quilatando el valor de esas tradiciones, de esas leyendas, de esas anécdotas, con que la posteridad muchas veces, y otras los mismos contemporáneos han engrandecido la vida de sus héroes favoritos, á la par que sondea hasta los mas recónditos pliegues de su corazon, comprende la influencia que han ejercido sobre la humanidad, toda vez que ha querido ver en ellos algo mas que un hombre, bien asi como ha señalado la intervencion de un poder sobrenatural, maléfico ó bienhechor, en la realización de esos soberbios monumentos que, hijos de otras edades, desafian indiferentes los rigores del tiempo y la destruccion de las generaciones á pesar de su sencillez, ligereza y aparente debilidad. Nada tiene, pues de estraño que DANTE, el inspirado vale Florentino; el inmortal cantor de Francesca y Beatriz; el fogoso pintor de terrible Hugolino y de la dulcísima Rosa del Empireo, tenga tambien sus leyendas, sus tradiciones, y sus peregrinas anécdotas; ya que para ello se reunian las circunstancias especiales de su vida toda, desde que niño abre un templo de amor en su corazon á la cándida Beatriz, hasta que despues de haber ocupado los mas altos destinos, y sufrido la mas amarga emigración, muere poco menos que abandonado lejos del pátrio hogar; y lo estraño, lo original, lo inspirado y sublime de su obra inimitable. Hay mas aún: existen en el corazon y en vida del hombre ciertos misteriosos arcanos, ciertos acontecimientos extraordinarios, que no caben dentro del cuadro de la mas acabada biografía, y que la mayor parte de las veces pintan por si solos un personajes, ó por lo menos completan su figura. La anécdota y la leyenda, si quiera sean imaginadas, llenan casi siempre este vacío. Vamos, pues, á dar á conocer á nuestras lectoras algunas de las mas notables relativas á la vida de Dante, ypor ellas se acabará de comprender al poeta cuya biografía tenemos publicada. I Defendido de las frías brisas de los Alpes por un pequeño montecillo, y bañado sus plantas en la majestuosa corriente del Magra, levantábase risueño y encantador en rende de unos de esos pintorescos valles en que tanto abunda la bellísima Italia, el monasterio de Santa Croce del Corvo, construido en 1176 por el piadoso obispo de Luni. La primavera de 1306 tocaba a su término, y á la hora del crepúsculo de uno de sus mas hermosos días, se dirigia á él con paso lento y mesurado, un hombre que si por su apariencia general demostraba hallarse en los mejores años de su vida, las profundas arrugas que cubria su semblante, hacian creer tocaba la ancianidad. Su decaido espíritu se reanimaba con la aproximación al monasterio, y las lágrimas que coco antes, como involuntariamente desprendidas, rodaban perezosas por sus enjutas mejillas, evaporándose absorvidas por el suave ambiente de la tarde, que al acariciar la ensortijada y negra cabellera del triste peregrino, le llevaba confundidos los cercanos sones de una campana, con todos esos vagos rumores que se escapan de la naturaleza al despedirse de la luz del sol. –<Ingrata, ingrata patria>- decia de vez en cuando, y cual si estas palabras trajeran á su memoria un mundo de grandezas perdidas y dolores pasados, y un porvenir de incertidumbre y amargura, cubria de nuevo su semblante mortal palidez, y precipitaba el paso para llegar cuanto antes a la casa del Señor, cuyo cimbalo tan elocuentemente llamaba á la oracion. -- Qué buscais, hermano?—le dijo el venerable Hilario, prior de la comunidad, no bien vencido por el cansancio y la fatiga se dejó caer, mas bien en llegó sobre las gradas del atrio. -- Paz, paz para mi alma dolorida. --¿Cuyo es, pues, vuestro nombre? – repuso el sacerdote, imprimiendo un ósculo de santo amor en la frente del peregrino. -- Mi nombre!…. Ah, ved en mi al caido Prior de la envilecida Florencia! -- Luego sois… -- Si, Dante, Dante Alhigieri. El que por amor á la patria blandió en Campaldino la espada del soldado; el que por amor á la patria arrostró en Roma en Hungría, en Nápoles y en París, las iras y el desprecio de los Monarcas, á los cuales fué enviado; el que or amor á la patria abandonó el partido de sus mayores; el que por amor á patria, en fin, se ve hoy proscripto, errante, condenado á ser quemado vivo si de nuevo pisa los umbrales del pueblo que le vió nacer, y forzado á alentar su miserable existencia, mendigando el amargo pan de la emigración.. Allá, al otro lado de los Alpes, existe una ciudad en la cual las artes y las ciencias tienen abierto un templo; allí se dirigen mis pasos, mas antes de abandonar el suelo de mi querida Italia, quiero dejarle una memoria que mantenga vivo el recuerdo del pobre proscripto. Así diciendo, y mas calmado de su agudo dolor, sacó de su seno un abultado rollo de blanco pergamino, y entregándoselo al prior dio: -- He aquí la primera parte de mi poema: es el Cántico del Infierno. Desde los que delinquen por su indiferencia, hasta los sacrílegos que reniegan de su Dios; desde los que obedeciendo a livianas pasiones olvidan sus deberes, hasta los que movidos por el espíritu de partido, se ensañan contra sus enemigos, todos se hallan en él sufriendo los mas horrorosos suplicios.- Remitidlo á vuestro amigo y el mío Ugucione Della Faggliola, y decidle que lo conserve como recuerdo del que sucumbió por su amor a la libertad. Dijo, y abrazando al buen sacerdote tomo de nuevo la ruta de los Alpes. ________________
Quién sabe! Tal vez al recordar mas tarde la placentera escena de Santa Croce del Corvo, y la apacible calma de la naturaleza que entonces le rodeaba, prorrumpia en aquellos sentidos versos que tan profundamente hablan al corazon.
Era gia l óra volge il disio Ai naviganti, e internerisce il core Lo di che han delto ai dolci amici a dio; E che lonuovo peregrin d’ amore Punge, se ode squilla di lontano, Che paia il giorno pianger che si more (Purg. VIII 1.2.)
Cayetano Vidal
12月23日 Máscaras III. por J. A. Viedma
El artículo de J.A. Viedma fue publicado por la revista madrileña <El Correo de la Moda>, dentro de la Sección Variedades, en el número 291 del Año IX, que salió el 24 de enero de 1859.
Máscaras
Artículo disfrazado
I
Venid los galanes á elegir las damas, que en Carnestolendas amor se disfraza Moreto
Era á principios del siglo XVI, cuando el Emperador que dejó una corona á las puertas de un convento, encariñado con la verdad, decretaba: Por cuanto del traer máscaras resultan grandes males, y se disimulan con ellas y encubren, mandamos que no haya enmascarados en el reino, so pena de cien azotes públicos á la persona baja que se disfrace de dia, y doscientos si lo hiciere de noche, y destierro por seis ó doce meses si fuere noble el enmascarado. Esto pasaba en Valladolid, donde hervian los enmascarados de todas clases, y donde estaban en práctica costumbres que no debian oler muy bien a la moral, aun en un valle de olores. Hubo por ende sus penas, sus vapuleos que destierros, y el caso fué que al cabo y a guisa de antifaz, á la ley se le echó un velo, y tornaron los españoles á ponerse la careta. En el reinado de Felipe IV estuvieron tan en moda, que apenas hubo fiesta en córte en que no hubiese mascaradas y danzas. Para una de las régias veladas del Buen-Retiro se mandó por pregon, que nadie entrase con armas y sin careta, y el 15 del próximo febrero es aniversario de una lucidísima fiesta de mascaras que tuvo lugar en dichos jardines en el año 1637. Por Enero precisamente, y hará como siglo y medio, el rey D. Felipe V ordenaba en Madrid, que ninguna persona, vecino ó morador, estante ó habitante en esta córte, de cualquier estado, calidad ó condicion, pudiese admitir enmascarados en su casa para bailes de Carnaval ó inmediatos á esta época, pena de mil ducados. Publicóse en bando como ley, pero no debieron corregirse sin duda los españoles en cuanto á disfraces, porque años después, en 1748, volvió el Rey en el Pardo á ocuparse en este asunto, prohibiendo de nuevo las máscaras, pública y privadamente, en danza ó paseo, pena al contraventor si fuese noble, de cuatro años de presidio, y al prebeyo de otros tantos de galeras, y á unos y otros de treinta y dos dias de cárcel, amén de los mil ducados. Y parece que una vez en práctica esta especie de cacería de enmascarados, nuestros abuelos presentaron el rostro escondiendo el corazon. El resultado pues era el mismo. La máscara eludia la ley, y tantos embromados habia con antifaz como sin él. Esta consideración debió mover á los legisladores á ser mas humanos con la careta. Transigiose con las mascaradas, prévias mas ó menos formalidades, según los tiempos, y en particular desde el reinado de Carlos III, hubo al menos una época en el año en que los hombres y las mujeres solían decirse la verdad en traje de mentira.
II
Si Carlos I y doña Juana, y Felipe V, pudiesen hoy dar un paseito por sus reinos, figúrense Vds. El rato que pasarian. A la sazon no hay en la Villa del Oso mas que seis u ocho asociaciones-coreográficas con careta. El Casino Matritense, El Liceo, La Belleza Madrileña, La Oportuna, La Jóven Esmeralda, etc., etc. En Capellanes se baila, y se baila en el Circo de Paul. El primero es un ex-seminario, cuyas bóvedas tiemblan de ira al oir una polka. El segundo debe su celebridad á sus fiestas coreográfico-ecuestres. Aquí no es muy violenta la transición. Hoy es un salon oriental, refugio de desorientados. Ademas se baila en Lope de Vega y en Tirso de Molina. Estos serian los dos monumentos que ha levantado España á los autores de La villana de Vallecas y de El mejor alcalde el rey. Y por si no es bastante para calmar la inspiración pedestre, muy pronto el Régio Coliseo comenzará sus veladas carnavalescas, y la Cruz pasando por alto su título hará lo mismo, y el Príncipe, y la Zarzuela, y la Plaza de Toros si es necesario. Esto amén de cuatromil Casinos y otros tantos Liceos que estarán hoy en España ocupándose de asuntos idénticos. Decididamente la profesion de un callista es la que ofrece mas ventajas para el porvenir. Pero en cualquiera de estas soirés enmascaradas aprenden: El estudiante, á perder el año. La modista, á quedarse sin parroquia. El hacendado, á deshacer lo que sus papás hicieron. El pollo, á saber muchas cosas de buen tinto, sino de buena tinta. El literato, á soltarse en el manejo de la lengua. El cala-vera, á calar de verdad á través de la careta. El tonto a desempeñar su papel. El fil-oso.fo, á que le coja de medio á medio su dominación. La viuda a perpetuar su estado. El hortera, á ejercitar los piés. El barbero, á familiarizarse con las vacías (suplecabezas) El sastre, á zurzir y cortar, según convenga. Y así casi todos los demas concurrentes. Y los que forman estas asociaciones se divierten, y tienen después que contar, hasta dinero. En cambio no ha podido formarse en España una Sociedad de autores dramáticos siquiera. Esta última consideración me parece de un gran efecto cómico para concluir este párrafo.
III
Los cortesanos á la máscara Le llaman rostro. Covarruvias
Ahora me acuerdo de que debí comenzar este artículo investigando la antigüedad de la máscara, y dando después cuenta de su metamorfosis. Pero ya es tarde, y para tranquilidad de mi conciencia solo puedo decir: Que la máscara debe ser tan antigua como la vergüenza. El primer bípedo que se ruborizara debió cubrirse el rostro. Si este origen no les gusta á Vds. Sea la careta invencion de la verdad perseguida. Por eso es el distintivo de la musa de la comedia. Por eso los cómicos griegos y latinos usaban de antifaces para decir la verdad al público. Y si tampoco están Vds. conformes con esta genealogía, sean los disfraces tan antiguos como los hombres feos, porque estos en cualquier siglo son máscaras, aunque no usen antifaz. Y por último, si ni aun esto sirve, venga la careta de mas-cara, esto es, otra cara, ó de cara-altera ó carátula, ó del maschere italiano, ó del masqué francés, como quieren diversos escritores. Ademas, puede ser egipcia ó romana, y oriunda de una momia ó de una bacante; pudiendo haber sido perfeccionada por los alemanes ó los venecianos. Yo creo que por los últimos, por la celebridad de sus Carnavales; pero si Vds. creen lo contrario, por eso no hemos de reñir. De estas premisas pueden mis lectoras sacar las consecuencias que gusten. De mi sé decir que la única consecuencia que de las máscaras saco, es que sacan de tino, de tono y de consecuencia á todos sus devotos. En cuanto al Carnaval, me parece un pleonasmo en la actualidad. Y la careta una redundancia en materia de disfraces. Pero puesto que este juego de conocerse ó no, divierte hoy tanto á los hombres, lo acepto; y como prueba doy á luz este artículo con antifaz. Si no le conocen Vds. consideren que sale disfrazado, y dejenle pasar, toda vez que sigue la costrumbre. 1月21日 El pájaro de fuego (Teatrería) Fuego de noche. extendiendose sobre paisaje desierto.
Se ven estrellas y al fondo luces y sombras de agua. Alguien camina
A. El pájaro de fuego no tuvo la culpa. Los campanarios lo atisbaron, clamores sobre la roca, mirad el mar cómo le dicta la voz mientras lo dibuja. No sera jamás el oculto, ignoto, indiscernible, asciende ya vuelto labio de oro entre el tumulto. ¡Que lo expanda la luz!...
Suenan campanas. El aire se arremolina sobre A
A. La ley ha sido expresada. Ya llegan, vienen como las oropéndolas, nacen sin saber de donde, rasgarán la noche y clarearán antes de de que el fuego cubra la montaña.
Voz fuera del escenario- Están allí, cerca de los santuaruis del olvido, hacia las mariposas negras, donde residen los antiguos trovadores que nunca tuvieron cítaras para la alegría. Nadie los amó.
Se ilumina el agua con tenues platas; como si fueran las manos
de alguien que nos recordó alguna vez.
Agua (canta) - En la vereda no tuve fuerza para negarme / si vinieran pronto, abriría el surco como sementera.
Se oyen pasos precipitados. Voz de B fuera del escenario
B. Este es el río que lleva al mar. Atravesadlo con las espadas, ¿qué esperáis?, le dio su corazón al fuego y nos maldijo. Dejó que el ave en llamas naciera, nunca podremos ser libres sin asesinar su cántico.
El escenario se ilumina de nata y leche de aurora.
B. ¿Quién desea claridades?: arrebatan nuestra fuerza, usilan el embrujo, golpean nuestra sangres. Que se haga la sombra, no debe restaurarse la voz.
Voz fuera del escenario - Me amaron tanto que me hicieron nacer de nuevo, a través de la montaña, salvando el mar, creándome del fuego y del aire y del agua, cantad, hijos de luz, sedme fieles, danzad. Inaugurarme en palabra. No dejéis a los galeones del silencio que ensombrezcan al pájaro de fuego.
Sobre el escenario se abre en agosto la luz hacia estío.
Telon.
(recordando a mi hermana) |
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