Virginia 的个人资料Virginia Seguí Collar Cu...照片日志列表更多 ![]() | 帮助 |
|
|
3月30日 Invitación Como vereís he copiado algunas de las versiones existentes de una pequeña selección de poesías de Safo, para que podaís apreciar las diferencias que presentan sus traducciones al castellano; he seleccionado traducciones de diferentes épocas, iniciando la serie con el libro que los hermanos Canga Argüelles publicaron en 1797 dedicado Manuel Godoy, en el que ya incluían una selección de poemas de Safo; el resto son mas actuales aunque de diferentes años del siglo pasado y una de las últimas versiones ya del año 2004; buscando también apreciar si estas circunstancias tempores pueden influir en la traducción.
Os invito a que las leaís y me deis vuestra opinión sobre ellas, que me informeis si conoceís alguna otra traducción que encontreís más ajustada a lo que Safo quiso transmitir en ellas; yo he consultado bibliografía diversa pero, sin duda, queda mucha más por consultar. Existe una opción para comentar los poemas dentro de cada uno de los apartados que he establecido para organizar la lectura, aunque esto exige que os deis de alta en Live. space y quizás no esteis interesados, en ese caso podeis enviame un e-mail a la dirección de correo que figura en el apartado de contacto y yo misma colocaría vuestros comentarios en el lugar correspondiente.
Os agradezco de antemano vuestros comentarios y espero que os divierta este pequeño juego que nos permite aprender algo sobre Safo y su mundo.
Virginia.
3月29日 Versiones
Versión Cangas y Argüelles[1] Oda 4. A sí misma
Mísera Sapho, tú yacerás muerta; Y tu memoria morirá contigo: Ni ya tu frente ceñirá, de Pierio Rosa cogida Irás al Orco, de la luz privada: Ni nadie ya te mirará, mezquina, Desde que te lleve á los oscuros manes Rápido vuelo
Versión Carlos García Gual[2] 11(58D)
Al morir quedarás yerta y de ti nunca memoria habrá ni nostalgia en el futuro, porque no participas de las rosas de Pieria. Mas, ignorada aun en el Hades, vagarás revoloteando por entre oscuros difuntos
Versión Bernabé y Rodríguez Somolinos[3] Las enemigas
Muerta yacerás y ya nunca memoria de ti quedará en el mañana, pues no participas de las rosas de Pieria. Anónima también en la morada del Hades erraras espantada entre borrosos espíritus
Versión Aurora Luque[4] Las rosas de Pieria
Y muerta yacerás, y no habrá un día ni un recuerdo de ti ni nunca en el futuro: porque no participas de las rosas de Pieria; más, invisible incluso en la mansión de Hades, irás errante entre apagados muertos, caída de tu vuelo. [1] Joseph y Bernabé Canga Argüelles en su libro Obras de Sapho, Erinna, Alcman, Stesicoro, Alceo, Simonides, Bachilides, Archiloco, Alpheo, Pratino, Menalipides. Madrid, Sancha. 1797 [2] García Gual, Carlos. Antología de la poesía lírica griega. Siglo VII-IV a.C. Alianza Editorial. Madrid. 1980 [3] Bernabé, Alerto y Rodríguez Somolino, Helena. Poetisas griegas. Madrid. Ed. Clásicas. 1994 [4] Luque, Aurora. Safo. Ed. El acantilado. Madrid. 2004
Desde Creta (Versiones)Versión Carlos García Gual[1]
Aquí ven, a este templo sacrosanto de Creta, donde hay un gracioso bosquecillo sagrado de manzanos, y en él altares perfumados de olor de incienso Aquí el agua fresca murmura por las ramas del manzano, y todo el recinto está sombreado por rosales, y en su follaje que la brisa orea se destila sopor. Aquí el prado donde pacen los caballos ya está florido con flores de primavera, y soplan suavemente las brisas… Acude, pues, tú, Cipria, coronada de guirnaldas, para verter grácilmente en nuestras copas de oro el néctar que ya está aderezado y escáncialo en nuestros festejos.
Versión Bernabé y Rodríguez-Somolino[2]
Ven a mí, aquí, desde Creta … a este templo sagrado donde un bosque encantador (crece) de manzanos y humean los altares por el incienso; aquí susurra el agua fría entre las ramas de manzanos, todo el lugar recibe sombra de los rosales, y de las hojas trémulas fluye el sueño; aquí una pradera, pasto de caballos, florece cubierta de flores…, y las brisas soplan con suavidad… [ ] aquí tu, Cipris, tomando … en copas doradas, con delicado gesto mezcla el néctar con la fiesta y escáncialo.
Versión Aurora Luque[3]
Ven aquí, hasta mí, desde Creta a este templo puro donde hay un bosque placentero de manzanos y altares perfumados con incienso humeante. Aquí murmura un agua fresca entre la enramada de manzanos, procuran los rosales sombra a todo el recinto; de las hojas, mecidas, fluye un sueño letárgico Aquí verdece un prado donde pacen caballos con flores de estación. Las brisas soplan con olores de miel. Ven aquí, diosa Cirpia, y en doradas copas escancia delicadamente néctar entremezclado de alegrías
Lo que una ama (Versiones)
Dones de la memoria (Versiones)
La pasión (Versiones)Versión Canga Argüelles[1] Igual á un Dios se me parece en todo Aquel mortal, que junto a ti sentado De cerca escucha como dulcemente hablas, y como Dulce ríes: lo que á mi del todo Dentro del pecho el corazon me abrasa, Y un recio ñudo en la garganta asido muda me dexa. Se ata la lengua; y por las venas corre Rápido fuego que me enciende y quema, Pierdo la vista, y mis oídos luego dentro me zumban. Toda yo tiemblo: de sudor helado Toda me cubro desfallezco. Entonces Pálido rostro y sin aliento, casi muerte padezco.
Versión Carlos García Gual[2]
Me parece que es igual a los dioses el hombre aquel que frente a ti se sienta, y a tu lado absorto escucha mientras dulcemente hablas y encantadora sonríes. Lo que a mí el corazón en el pecho me arrebata; apenas te miro y entonces no puedo decir ya palabra. Al punto se me espesa la lengua y de pronto un sutil fuego me corre bajo la piel, por mis ojos nada veo, los oídos me zumban me invade un frío sudor y toda entera me estremezco, más que la hierba pálida estoy, y apenas distante de la muerte me siento, infeliz.
Versión Bernabé y Rodríguez-Somolinos[3]
Igual a los dioses se me parece ese hombre que, sentado frente a ti, de cerca escucha Tu dulce voz y tu risa adorable; ello me ha dado un vuelco al corazón dentro del pecho; pues apenas te miro, ya hablar no me es posible sino que mi lengua se quiebra, un leve fuego al punto me corre bajo la piel, nada pueden ver mis ojos, me zumban los oídos me cubre el sudor, un temblor me posee toda, me siento más pálida que la hierba ya mí misma me parece que cerca estoy de morir
Versión Aurora Luque
Un igual a los dioses me parece el hombre aquel que frente a ti se sienta, de cerca y cuando dulcemente hablas te escucha, y cuando ríes seductora. Esto –no hay duda- hace mi corazón volcar dentro del p echo miro hacia ti un instante y de mi voz ni un hilo ya me acude, la lengua queda inerte y un sutil fuego bajo la piel fluye ligero y con mis ojos nada alcanzo a ver y zumban mis oídos; me desborda el sudor, toda me invade un temblor, y más pálido me vuelvo que la hierba. No falta –me parece- mucho para estar muerta.
[1] Joseph y Bernabé Canga Argüelles en su libro Obras de Sapho, Erinna, Alcman, Stesicoro, Alceo, Simonides, Bachilides, Archiloco, Alpheo, Pratino, Menalipides. Madrid, Sancha. 1797 Himno Afrodita (Versiones)Versión de José y Bernabé Cangas y Argüelles[1] Sagrada Venus, cuyo santo numen En varios pueblos, tiene inciensos y oros. Hija de Jove, y de amorosas tramas Dulce maestra. Ruegote yo, que no me des tormento Con duros males, con mortal tristeza: Tu, que atendiste alguna vez la ardiente Súplica mía Y abandonando la dorada casa De tu padre, donde el alto asiento A mis amores descender soliste Blanda y afable. Sentada ¡Ay me! Sobre un brillante carro, Del que tiraban delicadas aves Que hendian el ayre con las negras alas Rápidamente Y tú bañada de una afable risa Me preguntabas por mi mal piadosa, Y porque tanto fervorosamente Yo te llamaba Porque tan triste en mi dolor gemía; Á quién tentaba enamorar, y quienes Mal me trataban. “¿Dime quien te agravia “mísera Sapho?.
Versión José S. Lasso de la Vega[2] (Traducción Literal)
Variegada de trono, inmortal Afrodita, Hija de Zeus, tranzadora de engaños, suplícote, Con angustias ni tristezas no me venzas. Señora el ánimo; Pero ven aquí, si también algún día Mi voz oyendo a lo lejos Escuchaste y del padre habiendo dejado la casa de oro viniste, Luego de uncir el carro. Y bellos te llevaban Raudos gorriones sobre la tierra negra, Espesas girando las alas desde el cielo, del éter por en medio. Y al punto llegaron, y tú, oh beata, Sonriendo con inmortal semblante/ Inquiriste que ora vez sufro y que otra vez clamo U qué me quiero más que nada suceda En mi loco ánimo: <<¿A quién esta vez debo Obedecerte en llevar a tu amor? ¿Quién, oh Safo, injusticia te hace?. Porque si huye, presto perseguirá Y si dádivas no acepta, sin embargo dadivará, Y si no ama, presto amará, aunque no quiera ella>>. Vn a mi también ahora, y suéltame de dificultosas Cuitas y cuanto cumplir mi Ánimo desea, cúmpleme, y tu misma se en la guerra mi aliada.
Versión Carlos García Gual[3]
Inmortal Afrodita la del trono pintado la hija de Zeuz, tejedora de engaños, te lo ruego: no a mí, no me sometas a penas ni angustias el ánimo, diosa. Pero acude acá, si alguna vez en otro tiempo, al escuchar de lejos de mi voz la llamada, la has atendido y, dejando la áurea morada paterna, viniste, Tras aprestar tu carro. Te conducían lindos tus veloces gorriones sobre la tierra oscura. Batiendo en raudo ritmo sus alas desde el cielo cruzaron el éter, y al instante llegaron. Y tú, oh feliz diosa, mostrando tu sonrisa en el rostros inmortal, me preguntabas qué de nuevo sufría y a qué de nuevo te invocaba, y qué con tanto empeño conseguir deseaba en mi alocado corazón. <¿A quién, esta vez voy a atraer, oh querida, a tu amor? ¿Quién ahora, ay Safo, te agravia? Pues si ahora te huye, pronto va a perseguirte; si regalos no aceptaba, ahora va a darlos, y si no te quería, en seguida va a amarte, aunque ella resista.> Acúdeme también ahora, y líbrame ya de mis terribles congojas, cúmpleme que logre cuanto mi ánimo ansía, y sé en esta guerra tu misma mi alidada.
Versión Bernabé y Rodríguez Somolinos[4]
Diosa de artístico trono, inmortal Afrodita hija de Zeus que trenzas engaños, te suplico, no domeñes con angustias y tormentos, señora, mi ánimo por el contrario ven aquí, si alguna otra vez al escuchar mi voz a lo lejos me atendiste y viniste dejando la casa de tu padre tras uncir dorado carro; hermosos gorriones te llevaban veloces en torno a la negra tierra agitando sus tupidas alas desde el cielo A través del éter. al punto llegaste y tu, bienaventurada, con una sonrisa de tu rostro inmortal me preguntaste qué me hacía entonces padecer, por qué de nuevo te llamaba y qué deseaba más que sucediera mi corazón en su delirio: <¿a quién he de persuadir esta vez a aceptar tu amor?; ¿quién, Safo, te agravia?. Pues si se muestra esquiva, pronto perseguirá, si no acepta regalos, aún los ofrecerá y si no siente amor, pronto lo sentirá, aun si no quiere Ven también ahora a mí y líbrame de terribles inquietudes; cuanto desea que se cumpla mi ánimo cúmplemelo, y sé tu misma mi aliada
Versión Aurora Luque[5]
Inmortal Afrodita de polícromo trono, hija de Zeus que enredas con astucias, te imploro, no domines mis penas y torturas, soberana, mi pecho: Mas ven aquí, si es que otras veces antes, cuando llegó a tu oído mi voz desde lo lejos, te pusiste a escuchar y, dejando la casa de tu padre, viniste. Uncido el carro de oro. Veloces te traían los hermosos gorriones hacia la tierra oscura con un fuerte batir de alas desde el cielo, atravesando el éter: De inmediato llegaron. Tú, feliz, con la sonrisa abierta en tu rostro inmortal, preguntabas qué sufro nuevamente, y porqué nuevamente te invoco Y qué anhelo ante todo alcanzar en mi pecho enloquecido: ¿ A quién seduzco ahora y llevo a tu pasión? ¿Quién es, oh Safo, la que te perjudica? Porque si hoy te rehuye, pronto habrá que buscarte, si reglaos no acepta, en cambio los dará, y si no siente amor, pronto tendrá que amarte aunque no quiera ella. Ven a mí también hoy, líbrame de desvelos rigurosos y todo cuanto anhela mi corazón cumplir, cúmplelo y sé tu misma mi aliada en esta lucha
[1] Joseph y Bernabé Canga Argüelles en su libro Obras de Sapho, Erinna, Alcman, Stesicoro, Alceo, Simonides, Bachilides, Archiloco, Alpheo, Pratino, Menalipides. Madrid, Sancha. 1797 [2] Lasso de la Vega, José S. De Safo a Platón. Ed. Planeta. Barcelona. 1976 [3] García Gual, Carlos. Antología de la poesía lírica griega. Siglo VII-IV a.C. Alianza Editorial. Madrid. 1980 [4] Bernabé, Alerto y Rodríguez Somolino, Helena. Poetisas griegas. Madrid. Ed. Clásicas. 1994 [5] Luque, Aurora. Safo. Ed. El acantilado. Madrid. 2004 |
|
|