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    April 09

    Antonio Collar González (1911-1931)

               Antonio nace el 23 de agosto del año 1911 en Escalona, localidad de la provincia de Toledo, donde su padre ejercía como médico; al poco tiempo la familia se traslada a Madrid y será en esta ciudad donde cursará sus estudios adquiriendo formación académica y artística. En 1915 se le diagnostica una enfermedad considerada grave en la época: la diabetes, que condicionará sus actividades el resto de su vida.

              Su interés por la pintura es muy temprano y no es el primer artista que dedicó su convalecencia a profundizar en sus inclinaciones artísticas; sus padres potenciaron su afición, en un intento de facilitar su recuperación y entretener su tiempo; sus facultades, innatas, harán el resto. Sus estudios se verán alterados por la enfermedad: tuvo que dejar el colegio y estudiar en casa con  profesores; examinándose como alumno libre en el Instituto San Isidro, exámenes que le alteraban y producían peligrosas subidas de azúcar. Pese a ello terminará el bachillerato y accederá a la Universidad donde le tenemos, en 1929, matriculado cursando la carrera de Derecho.

               Su formación artística es autodidacta, no obstante, conocedor de sus carencias en la representación de la figura humana, cuando su salud se lo permitía asistía a la Academia que el pintor Hipólito Hidalgo de Caviedes tenía en Madrid, centrándose básicamente en las clases de anatomía. Esta dificultad hace que su producción se centre en los géneros que dominaba con mayor soltura: el paisaje y las naturalezas muertas.

                Pero la formación de un pintor no se limita sólo al aprendizaje de las técnicas artísticas sino que requiere, sobre todo, un buen conocimiento del arte hasta entonces producido al menos el de su entorno cultural.

                En Europa el panorama se presenta con las primeras vanguardias superadas y, tras el baño de realidad que supuso la Primera Guerra Mundial supuso para los artistas vanguardistas; éstos están volviendo al orden en lo que ha venido en llamarse las nuevas figuraciones o nuevos realismos. En España, sin embrago, los artistas más avanzados aún están anclados en los primeros movimientos finiseculares y sólo algunos de ellos, mejor conocedores de la vanguardia histórica, intentan avanzar hacia el desorden. Los puntos de inflexión de la modernidad española se sitúan en el País Vasco y Cataluña; en primer lugar por su proximidad con los centros emisores europeos y, e segundo, porque ambas regiones tenían aspiraciones nacionalistas y vieron en el arte moderno un medio de singularizarse, despegándose así, también artísticamente, del resto de España.

                En Madrid donde trabaja Antonio Collar la posibilidades de recepción de la modernidad europea no son las mismas. Dejando a un lado, aunque sin menospreciarla, la información que le llegaba a través de la prensa y de las revistas especializadas, habría que destacar las graves carencias que la capital presenta en otros aspectos, sobre todo en cuestión de exposiciones. Se realizan las Exposiciones Nacionales donde tenían su feudo los artistas más críticos y reticentes con la vanguardia; atrincherados en la Real Academia de Bellas Artes desde la que impartían su docencia, en el más puro estilo académico. Para ellos es, el impresionismo, el movimiento artístico más avanzado que han sido capaces de admitir y asimilar.

               Como ejemplo tenemos un hecho significativo: en 1911, un artista, escritor y crítico de arte, que poco después destacaría por su modernidad, Gabriel García Maroto[1], ve el “Renacimiento” de la pintura española, en pintores próximos a éste movimiento y los presenta como los más modernos e interesantes del país. Con este panorama las posibilidades de ver arte vanguardista son muy reducidas, sobre todo si nos referimos al común de los mortales, únicamente iniciativas esporádicas lo permiten. El máximo ejemplo a citar sería la exposición realizada, durante el verano de 1915, en un Salón de Exposiciones de la madrileña calle del Carmen denominado: “Arte Moderno”, que con el título de: “pintores íntegros[2] presentaba al público de la capital la “pintura moderna”. Pero para ver una muestra mayor entidad, en la que se expongan obras de pintores “modernos” españoles, el público madrileño tendrá que esperar a 1925. La iniciativa vendrá de la mano de la Sociedad de Artistas Ibéricos[3], que reunía a un nutrido grupo de intelectuales y artistas quienes dos meses después de la publicación de su Manifiesto propiciarán la realización de una exposición. El lugar elegido para ello, el Palacio de Exposiciones del Retiro, era un espacio habitualmente reservado a las Exposiciones Nacionales. Esta última circunstancia propiciará una fluida asistencia de publico, que acude a la exposición, en general, sin saber que asiste a la primera gran exposición de arte contemporáneo español, realizada en Madrid, y que sale de ella decepcionado ya que lo expuesto no responde a sus expectativas.

     En 1915 Antonio Collar es demasiado joven para asistir a la exposición de la calle del Carmen, pero es seguro que asistió a la de 1925; pues sus actividades artísticas estaban en pleno auge.

              Por otro lado Antonio Collar pertenece a la clase media acomodada, su padre se había creado un prestigio y había conseguido una clientela que podríamos calificar de media-acomodada y media-alta[4]. Es lógico pensar  que es en esa misma clase social donde él tenía, también, su clientela natural. ¿Cómo influye esto en la trayectoria artística del artista, cuando se plantea su trabajo? Debemos suponer que su interés sería triunfar como artista y ¿Cómo se mide el éxito? Éxito de ventas, de público, de reconocimiento etc.., hasta qué punto la práctica de una pintura vanguardista le llevaría o le impediría llegar a él? ¿Qué tipo de público era el que estaba interesado en el arte en Madrid?

                 La sociedad madrileña, sobre todo la interesada en el arte, era mayoritariamente conservadora y no veía con buenos ojos la vanguardia; no solamente por sus resultados artísticos, sino porque veían en estos movimientos un peligro, ya que propugnaban una lucha contra la sociedad y el arte convencionales, los artistas integrados en estos movimientos estaban vinculados a partidos políticos de izquierdas. Sin olvidar que el arte moderno estaba siendo utilizado por los nacionalistas catalanes y vascos, como elemento de lucha política, era el emblema de su nacionalismo.

                Antonio sabía todo esto: pero era también consciente de que sólo sería alguien dentro del arte si daba con una fórmula que le permitiera sumarse a modernidad sin dejar de lado la tradición. Estaba integrado en los mundillos artísticos de la ciudad y se relacionaba con figuras del momento como los hermanos Zubiaurre, Martínez Cubells, Benjamín Palencia, Alberti[5], Cardona, Renau[6] y muchos otros.

                Con 14 años presentó en el sexto Salón de Otoño[7], celebrado en octubre de 1925 presentó dos oleos: Paisaje de la Moncloa y Casas de pueblo.

                 En 1927 ganó el concurso de portadas de la revista Blanco y Negro, y su cuadro Primeros Oros fue portada del número publicado el 25 de septiembre de 1927. También participa en el Salón de Otoño con tres óleos: Al caer la tarde, Parterre de la Corona y Contraluz.

    Realizó su primera exposición entre el 24 de enero y el 8 de febrero de 1928 sin haber cumplido aún los 17 años, en el Salón Nancy, en una exposición compartida con el grabador Francisco Reyes, el presentaba 24 paisajes al óleo, entre los que podemos citar Otoño en el Jardín de la Princesa, El Estanque de los Pintores, Día gris en el Sardinero, Guadarrama en Otoño, Paisaje de la Moncloa, Entre las rocas, etc…

    Las críticas son buenas y aunque se incide en su juventud se señalan sus buenas maneras: “Collar, en los paisajes de Santander y de Madrid, revela una juventud movida por los mas nobles impulsos del arte moderno, pero refrenada por una conciencia de pintor que le honra y le enaltece. Técnica de tipo actual la de este artista, pero con raíces hondas en gleba muy fecunda y tradicional[8]

    En el Salón de Otoño celebrado en octubre de este mismo año presenta tres obras: Día de viento en El Escorial, Molino de Pilamarte y La vega del Pás.

    Y en diciembre, ya con 17 años cumplidos, participa en una nueva exposición que esta vez tiene lugar en el Salón del Circulo de Bellas Artes de Madrid. La comparte con: José Renau Berger y Juan Cardona. Exposición que tendrá más repercusión que la anterior, incluso será visitada por la Infanta Isabel quién saludó a los artistas y les felicitó por sus obras. Presenta ahora 53 trabajos entre los que encontramos paisajes y naturalezas muertas; esta circunstancia es muy bien acogida por los críticos quienes valoran su ejecución y modernidad, mencionando que su realización, sin duda, ayuda al pintor a mejorar la técnica del paisaje, construidos ahora con una mayor solidez. La crítica que Gil Fillol hace la revista Estampa así lo demuestra:   

    Este tipo de estudios, limitados a la resolución de problemas de luz, color y forma, sustituye a los métodos viejos de enseñanza académica, copias rutinarias de yesos y escayolas, conde no podría apreciarse la estructura y corporeidad de los objetos tal y como se exige después de los descubrimientos del cubismo. […] Así Antonio Collar, joven y ya notable paisajista insatisfecho de su obra actual, gusta de poner a prueba sus posibilidades creándose problemas técnicos que, con las citadas naturalezas muertas, ha comenzado a resolver de manera que nos hace esperar a corto plazo la obra de empeño que su talento anuncia y que su entusiasmo nos augura.”[9]

    Sigue acudiendo a los Salones de Otoño, en el de 1929 participa con tres óleos: Pergaminos, Estudio de paisaje y Estudio de Marina y también en el de 1930  con los óleos: Pisaje de El Escorial y Paisaje. Este mismo acude con su obra  Pinares de El Escorial a la Exposición Nacional que se viene celebrando cada año en el Palacio de Cristal.

    Vemos pues cómo, quizás sin saberlo, y no de una manera consciente, Antonio adoptó una solución de compromiso entre la modernidad y la tradición, su muerte le impidió profundizar en esta fórmula y/o buscar otras nuevas; se suponía, que dada su edad, que tenía tiempo de llegar a ser un pintor moderno. Mientras esto llegaba  tanteaba las posibilidades que se le iban presentando.

                    Nunca sabremos los caminos por los que hubiera avanzado de haber vivido lo suficiente para que su capacidad de elección fuera más consciente y madura. La muerte acabo con su vida, el 18 de noviembre de 1931, truncando todas sus esperanzas vitales y artísticas. Respecto a su obra, a nosotros, sólo nos queda lo que nuestra confianza nos deja intuir en ella.



    [1] García Maroto, G. “El jardín del Arte. Joyas esmaltadas”. Imprenta. Helénica. Madrid. 1911. Cap. Renacimiento pictórico español.

    [2] Francés, J. “Año Artístico 1915. Ed. Mundo Latino. Madrid 1916. En el capítulo dedicado a Marzo, Incluye una crítica sobre esta exposición.

    [3] Brihuega, Jaime. “La ESAI y el Arte Español en la bisagra de 1925” en “La Sociedad de Artistas Ibéricos y el Arte Español de 1925. MNCARS. Madrid, 1995.

    [4] Entre esta clientela se encuentran políticos como Calvo Sotelo o artistas como las Caba-Alba.

    [5] Coincidía con él haciendo copias en el Prado. Y en 1925 le dedicó un ejemplar de su libro “Marinero en Tierra”.

    [6] Con estos dos últimos expone en el Círculo de Bellas Artes en diciembre de 1928.

    [7] Salón fundado por la Asociación de pintores y Escultores, en el que se realiza anualmente una exposición.

    [8] Luis Galinsoga. “Las más recientes exposiciones” en Blanco y Negro de 5 de febrero de 1928

    [9] Gil Fillol. “Cinco exposiciones de Fin de Año” en Estampa, 29 de enero de 1929.

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