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May 06 Exposiciones (4)La mujer en las Exposiciones Universales
El siglo XIX es realmente fecundo para nuestra cultura, a medida que avanza, la sociedad occidental sufre grandes transformaciones, dentro de ellas se incluye la que está llevando a cabo la mujer, por lo tanto el siglo será testigo de su lucha. Esta lucha por conseguir una igualdad de derechos le llevará también a definir su papel y posición dentro de la sociedad. Hemos dicho ya que las Exposiciones Universales son muestra de los progresos que en, prácticamente, todos los aspectos o facetas de la vida están teniendo lugar durante el siglo, no es extraño, por tanto, que el movimiento feminista aproveche la ocasión que estas muestras le brindan para dar a conocer, al resto del mundo, tanto sus capacidades y realizaciones en todos los campos que son llamados a concursar como para presentar sus reivindicaciones en ellas. En un primer momento las convocatorias de estos certámenes que van sucediéndose a lo lago del siglo no excluyen a la mujer, pero tampoco hacen un llamamiento expreso a su participación. La mujer puede presentar sus trabajos en cualquiera de las secciones o departamentos en que la organización haya establecido y su obra será admitida al igual que cualquiera ejecutada por un hombre. El problema que se plantea es definir que posibilidades, reales, tiene la mujer de participar en este tipo de certámenes cuando no tiene un papel activo en la sociedad sino que está, en la mayoría de los casos, relegada a su tradicional papel de madre y esposa. Los catálogos que contienen los participantes en estas muestras a los que hemos podido tener acceso demuestran que desde el inicio de las convocatorias algunas mujeres participan en ellas enviando los productos de su trabajo, pero habría que añadir, a esto, que su participación es muy escasa y limitada. El incremento de su participación va parejo con al aumento de sus actividades y con su incorporación al campo laboral que ira teniendo lugar a medida que avanza el siglo. Los catálogos, consultados, contienen la relación participantes españoles y las obras que cada uno de ellos presenta, confirman esto y ponen de manifiesto que la participación femenina en las primeras muestras es prácticamente testimonial, pero que según avanza el siglo ésta aumenta y va cobrando protagonismo, alcanzando el máximo en la Exposición Universal de 1893, en la que al hacerse un llamamiento expreso a su participación ésta es, sin duda, excepcional. La Exposición Universal celebrada en 1862 en Kesington, aunque no tenemos constancia documental de hecho, debió tener especial significación para la mujer dado que su lugar de emplazamiento coincide con un foco educativo e industrial destacado, un número de escuelas de Artes y Oficios se instalaron en la zona y la incorporación, a ellas, de la mujer fue destacada. Este foco tiene especial significación para nuestro estudio ya que muchas de las mujeres que estudiaron en estas escuelas realizaron trabajos artísticos relacionados con las artes decorativas en general, destacando particularmente las realizadas sobre piezas cerámicas, figurando sus obras a partir de ahora en las sucesivas Exposiciones Universales. Cuando en 1876 los Estados Unidos, para conmemorar la Declaración de Independencia, convoquen, en Filadelfia, una Exposición Universal; el movimiento feminista estadounidense aprovechará la ocasión para reivindicar su lugar dentro de la sociedad y en la vida cultural norteamericana y conseguirá una participación activa en el certamen.[1]. En la mañana del 10 de mayo de 1876 tiene lugar la sesión inaugural de la Centennial International Exhibitions, en ella, además del presidente Grant interviene, el obispo Simpson[2], quien en su plegaria hace mención expresa de la novedosa[3] participación de la mujer en la muestra:
“Después de las marchas y de los himnos de varios países, el obispo Simpson, con entusiasmo y devoción, leyó ante la asamblea respetuosa una larga plegaria en la que pidió la bendición de Dios para todos, para el futuro de la nación, para los organizadores y, especialmente para <las mujeres de América, quienes, por primera vez en la historia de nuestra raza, ocupan tan conspicuo lugar en una celebración nacional>”
La novedad, de la que se hace eco el Obispo Simpson, es decir la existencia de un pabellón especial destinado a los trabajos de la mujer fue un motivo de controversia[4] desde el principio. La existencia de un pabellón dedicado exclusivamente a presentar los productos de la actividad femenina tenía sus partidarios y en este sentido tenemos las declaraciones del Director de Secciones que escribió:
“Mi opinión es que desde cualquier punto de vista, es mejor para ellas que ocupen un edificio exclusivo y dedicado solamente a la obra de la mujer”
No obstante, esta opinión no estaba generalizada y desde posiciones feministas más radicales no era visto con buenos ojos que se segregará el trabajo de la mujer, lo consideraban una discriminación, pues de esta forma sus obras nunca serían juzgadas en plano de igualdad con las de los hombres, sino como algo aparte y más bien producto del entretenimiento de la mujer, al que se dedicaba en sus ratos de ocio, nunca como labores profesionales.
“Para otros, la existencia de un recinto de la exposición separado para las mujeres en la Exposición era signo de una institucionalización de la segregación entre las producciones de las mujeres y las de los hombres. Sensibles á las implicaciones de exponer el arte de las féminas, y enfadas porque no se concedía ninguna atención a los salarios y a las condiciones laborales de la mujer, las feministas radicales se negaron a participar”[5]
En cierta manera las feministas radicales tenían razón, pero dadas las circunstancias quizás era necesario organizar un pabellón especial, dando un rango especial a la mujer, ya la realidad era que, en general, la mujer todavía no estaba en plano de igualdad con el hombre. El pabellón al parecer adquirió gran importancia dentro de la exposición convirtiéndose en un símbolo del status separado de la mujer, reflejando, paradójicamente, la situación real de mujer en el mundo. Sin duda, a partir de esta exposición, la participación femenina inglesa incrementa su participación presentado productos encuadrados dentro de las artes decorativas, producidos por mujeres[6] formadas en sus escuelas de Kensington, y relacionadas con las actividades del movimiento <Arts and Crafts> vinculado a Williams Morrison, Burje Jones, y otros artistas ingleses del momento[7]. [1] Chadwick, Whitney. Opus Cit. 228. [2] Calvo Teixeira, Luis. Opus Cit. (1992). Pág. 31 [3] Ibid. Pág. 32 “También fue relevante, por la novedad del hecho, el llamado Pabellón de mujeres, erigido gracias al esfuerzo de una comisión de Mujeres de los diferentes Estados.” [4] Chadwick, Whitney. Opus Cit. Pág. 228. [5] Ibid Pág. 228. [6] Callen, Anthea. Angel in the Studio. Angel in the studio: women in the Arts and Crafts movement 1870-1914. Astragal Books. Londres. 1979. Esta autora trata pormenorizadamente este tema. [7] Chadwiht, Whitney. Opus Cit. Pág 243. “Como consecuencia de la institucionalización de las enseñanzas artísticas femeninas en la década de 1860 había muchísimas más mujeres en el ámbito de la decoración. En 1870, Hannan Barlow, formada en la Lamboth School of Art and Desing de Londes, y una de las primeras y más importantes decoradoras de cerámica artística, vendía diseños a la Doulton Pottery producidos en su estudio. El auge del interés por la cerámica artística fue promovido por los esfuerzos de las dos firmas más famosas de carámica en Gran Bretaña –Minton y Doulton – en producir cerámica de artesanía a gran escala comercial para los hogares de clase media.” TrackbacksWeblogs that reference this entry
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