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November 03 Máscaras II. por Antonio Pirala En esta ocasión reproducimos el artículo que el historiador Antonio Pirala publicó en la revista madrileña "El Correo de la Moda", el 24 de febrero de 1860. Respetamos la ortografía original.
LAS MÁSCARAS
El carnaval que acaba de terminar, merece de nuestra parte algún recuerdo; y ninguno creemos más á propósito que consignar el origen de esta popular diversión, tomándole de las fuentes más acreditadas, y adoptando la opinión más admitida, sancionada ya por los escritores que nos han precedido. Parece que el origen de las máscaras se halla en las primitivas representaciones teatrales. Ora comenzará pintándose el rostro los que representaban en honor de Baco, ora se desfiguráran con caretas de papiro u otra materia, parece lo cierto que Esquilo autor de la tragedia, dio á los actores caretas; que hizo lo mismo Ateneo y otros; que después se presentó en el teatro la careta de mujer, y que introdujeron luego las máscaras cómicas de criados. Se daban distintos nombres á las caretas, según las diferentes clases de personas que reasentaban; y se dice que la careta ó máscara era hueca, y cubría toda la cabeza. En las celebres Saturnales llevaban los esclavos pintado el rostro con hollin, y en las fiestas de Minerva se corria por las calles con una máscara en el rostro; sucediendo lo mismo en las fiestas de Cibeles, de Isis y otras. Dice Diodoro de Sicilia, que los reyes de Egipto se cubrían el rostro, en ciertas ceremonias, con figuras de león, de leopardo, etc.; y que los sacerdotes destinados á cuidar los animales sagrados no se presentaban jamás en públicosino con las señales distintivas de sus cargos, que eran una máscara, que imitaba la figura del animal confiado á su custodia. Tambien los egipcios cubrian la cara de las momias con una máscara. En los triunfos y pompas públicas, y en los festines se usó igualmente la máscara, y hasta Alejando el Grande se presento disfrazado en algunos convites, asistiendo del mimo modo sus amigos. Pero seríamos interminables refiriendo las noticias que hay sobre el origen de la careta ó mascara, añadiendo únicamente, que Popea, mujer de Neron, inventó una careta hecha con una pasta de harina de trigo y leche, para conservar la finura del cutis; que posteriormente usaron las señoras caretas de terciopelo para el mismo objeto, lo cual fue comun en Francia en tiempo de Catalina de Médicis. A esta familia atribuyen muchos la introducción de la mascara en Florencia, en la época del bullicioso Carnaval, si bien ningun pueblo se distinguió tanto en Italia como Venecia en tiempo de su república; siendo este punto, en Roma y Milan donde mejor se han conservado estas fiestas, cuya fama es universal. La costumbre de los bailes de máscaras pasó de Italia a Francia en el siglo XVI, y de allí á Inglaterra. Aunque no se aficionaban mucho los españoles á las costumbres de los romanos, sus conquistadores, no son las diversiones públicas las que menos tarde se adoptan, y por consecuencia es de creer que no dejaran de tener eco las Saturnales o parecidas fiestas, pues si los arlequines ó payasos de que nos habla Ciceron eran los obligados de estas fiestas, porque eran los que mas divertian con sus exageradas pantomimas y ridiculos gestos, y se han conservado hasta nuestros dias, y son hoy tambien los obligados en algunas fiestas populares de muchas aldeas, las mascaradas que existieron en tiempo de los árabes, no es de suponer que las introdujesen estos, sino que se conservaron de los romanos á través de la dominacion goda. Y motivos hay para creer que llegaron a España a un apogeo, que no alcanzaron sino mucho después en otras naciones, incluyendo quizá a la misma Italia. La galantería de nuestras costumbres, no podia menos de aficionarse á esas diversiones de amantes y frecuentes aventuras, que tan galana y gráficamente han retratado nuestros más célebres poetas dramáticos. La época en que estuvieron en Madrid las máscaras en su mayor apogeo, fue en el reinado de Felipe IV, que menudearon infinito. Las mas célebres, dice un amigo nuestro anticuario, con las que mandó hacer en 1637 con motivo de la eleccion del rey de Hungría, su cuñado, para rey de romanos, particularmente la ejecutada en 15 de Febrero. Para ellas se levantó una plaza de madera en el Retiro, con cuatrocientas ochenta y ocho ventanas. Estas máscaras, en las que lució el rey y toda su corte, fueron de noche y á caballo, paro lo que se alumbró la plaza con siete mil luces: furaron nueve dias, y se repitieron los tres dias de Carnaval, en los que hubo mogigangas en carros, y en estos iban cómicos representando comedias alusivas. Fue tanto el entusiasmo del rey por las máscaras, que en estas hizo publicar un pregon mandando que ninguno entrase en el Retiro con armas y sin careta en el rostro: de suerte que hasta los que entraban a pretender o á pedir justicia tuvieron que ir de mogiganga, como se decia en aquel tiempo. Por lo general, las bodas reales, los nacimientos de príncipes o infantes, se solian celebrar con vistosas mascaradas, hasta que Felipe V mostró no tenerlas afición, ni su sucesor Fernando VI, que las prohibieron. Resucitólas Carlos III, aunque modificadas, y con varias vicisitudes, han venido á ser lo que hoy vemos, y sufrido una completa transformacion. Lo que en esto hayan ganado la moralidad y las costumbres, no es ahora de este lugar, y aumentaria demasiado las dimensiones de este artículo: bástenos decir, sin embargo, que siendo á luz del sol y en paseos públicos el principal teatro de las mascaradas, nada puede decir contra ellas la crítica mas severa, el zoilo mas escéptico, y que el pueblo que así goza, no tiene que llorar moralidad perdida.
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