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January 17 La MúsicaEl 8 de octubre de 1867, la revista madrileña destinada al público femenino: El Correo de la Moda, publicaba un artículo titulado La Música, en el que su autor Fernández Arrea instruía a las lectoras de la sobre el origen y evolución de este arte; aprovechando la ocasión para introducir en él cuestiones religiosas y morales acordes con las convenciones de la época, al tiempo que recomienda su práctica a las lectoras por considerarla apropiada a su carácter y inocuo frente a otras modas extravagantes o frívolos pasatiempos a los que se dedicaba el bello sexo.
El origen de la música se pierde en la oscuridad de los tiempos. Desde los primeros momentos de la vida humana, las explosiones del alma, los acentos de sorpresa y admiración, esas notas delicadas del sentimiento, debieron herir el espacio, al contemplar el hombre, lleno de ternura ó de terror, el grande y soberbio espectáculo de la naturaleza.
La edad primera de la criatura racional fue la edad de las impresiones: ante su turbada vista orecióse el libro maravillo de la creacion, sublime como sus brillantes páginas , y eterno como el espíritu inmortal que le dio vida. Sus variados y repetidos fenómenos, esos rasgos admirables de suprema grandeza, impresionaron vivamente sus órganos, y postraron al hombre en el abatimiento profundo, ó en la mas conmovedora alegría. Juguete de sus sentidos, como pluma que lleva el viento, apenas podia detenerse en meditar brevísimos instantes sobre el infinito número de fenómenos que á su vista, y á todas horas, la próvida naturaleza le ofrecia.
Y era preciso que el sér humano espresase de alguna manera la alegría de su corazon o el abatimiento de su espíritu; era necesario que, al recorrer la multiplicada escala de sus impresiones, buscase tambien dulces cadencia, bellas armonías entre la grandeza del sentimiento y la sublime inspiracion del alma; entre el poderoso aliento del espírituo y los conmovedores y profundos afectos de su sensible corazon.
El canto de las aves, sus dulces y armoniosos trinos, sus amantes gorjeos, debieron herir delicadamente su oido: hasta el susurro de la fuente, al resbalar sus cristalinas aguas entre limpia y menuda arena, y las agitadas alas del viento, al cruzar por el bosque, llenando el espacio de tristes y melancólicos gemidos, debieron sin duda alguna, inflamar su pecho y alentar su alma para cantar, ébrio de alegría, las glorias de la creacion.
La melodía, pues, debió buscar sus acentos y las diferentes modulaciones de la voz humana en la variedad y suavidad del canto de las aves. ¿Quién no ha escuchado con infantil alegría, con inocente placer, en una bella mañana de primavera, el concierto bullicioso, el incesante piar y músico gorjeo de pintados y hermosos pajarillos que, con dulces y amorosos trinos, revoloteando de alegría, y saltando de rama en rama, saludan á la aurora, en tanto que el sol naciente despide sus rayos en hebras de oro por entre el verde follaje, hiriendo con sus finísimas puntas las trémulas gotas de rocío y el matizado cáliz de las flores? ¿Quién no ha sentido dentro de su alma, al escuchar sus sonoros cantos, los dulcísimos acentos de sus arpadas lenguas, una emocion de inesplicable alegría, esa bendita tranquilidad del alma que nos enagena y encanta, que nos arroba y trasporta á un mundo superior de purísimos goces, de celestiales dichas?
Fácil es adivinar la tierna impresion que produjera á las humanas criaturas un espectáculo tan admirable y conmovedor. Al aplicar su despierto oido, debieron intentar, acaso en vano, reproducir con la voz, por medio de diversas inflexiones, el armonioso canto de las aves; y si no lograron s deseo, procuraron, al menos, dar suelta á la poesía del sentimiento, á las explosiones del alma, á los acentos sagrados del corazon.
Bajo este concepto, la música reconoce un orígen elevadísimo, grande sublime, y tan lejano como los primeros días de la tierra.
El canto ha nacido como el hombre; testimonios irrecusables de esta verdad nos ofrecen hasta los pueblos mas groseros y salvajes.
La poesía, la música, la danza fueron, por muchos siglos, las principales, por no decir las únicas, diversiones de los pueblos.
Estas tres formas, digámoslo así, de manifestar los sentimientos del alma, han constituido siempre una parte muy esencial de los regocijos públicos y de las ceremonias consagradas al culto de la Divinidad.
Cando elánimo se halla vivamente impresionado por un acontecimiento estraoridinario, el alma siente una verdadera necesidad de espresar con dulces acentos sus emociones, de significar, bajo una forma delicada sus tiernísimos sentimientos.
Y en vano el hombre, en las grandes impresiones, pretende manifestar sus afectos, la pena que le ahoga ó la suprema alegría que le exalta, por medio de palabras fuertes ó términos expresivos, pues la pintura será pálida, débiles los colores, y el cuadro harto pobre para descubrir en él todo el fuego de la pasión, la luz que guia al alma la llama ardiente en que se abrasa el pecho. No bastan ciertamente las palabras, ni las frases mas bellas, para expresar, con la viveza y animacion del espíritu, la fuerza espansiva de los sentimientos.
Así se observa que los pueblos, desde su orígen, para conmemorar sus grandes y mas notables acontecimientos, compusieron poéticas canciones, especie de poemas en los que se conservaba la tradicion histórica de todos los sucesos.
La fuente pura de la poesía y de la música se encuentra en el corazon del hombre enajenado, del sér agradecido que reconoce y adora al Omnipotente en los innumerables prodigios de la naturaleza, en sus soberbias obras, en sus jiganestas y magníficas concepciones. No desmiente nuestra opinion el que la raza humana haya permanecido durante muchos siglos, velada por la ignorancia, sin descubrir ese supremo Sér que le dio vida, única Divinidad á quien debia consagrar todo su cariño, su profundo amor y reconocimiento; en medio de sus vacilaciones é infinitos errores, reconoció una gran verdad, porque, á pesar de sus dudas y ridículas estravagencias, sintió un vivo y constante deseo de tributar á Dios el sincero homenaje de su gratitud eterna.
Por eso hemos dicho que la fuente donde bebió la música sus primeras inspiraciones, fué el sentimiento de lo bello, de lo grande y maravilloso; porque eso ennoblece, eleva y da dignidad al alma; por eso despierta en nuestro pecho las dulces emociones, los acentos tiernos, los generosos arranques, los mas sublimes rasgos.
La música, con sus melodías, con sus suaves y dulces cadencia, con ese ritmo sagrado y conmovedor, excita delicadamente nuestra sensibilidad, adecuando el sentimiento moral hasta un grado tan poderoso de mágica influencia, que llegan á trasformarse en suaves y dulces, en expansivos y tiernos, los caracteres mas ásperos y sombríos, mas salvajes y feroces.
¿Cómo no hemos de recomendar á la mujer un estudio para el que tanto se presta su delicada organizacion?
Conságrese el bello sexo á tan agradable tarea; goce de sus inocentes y dulcísimas distracciones, y no tema que por ese camino llegue al término fatal á que conducen otras estraviadas sendas, por donde se tropieza, cuando menos con ridículos ó frívolos pasatiempos.
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