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June 26 Las Miniaturas José María de Larrea abre el número 370, del año X, de la revista madrileña destinada al público femenino con un artículo arreglado del francés bajo el título: <Las Miniaturas>, con el que intenta instruir deleitando a sus asiduas lectoras; la revista se publicó el 16 de septiembre de 1860, respetamos la ortografía original
LAS MINIATURAS
No será la primera vez que las lectoras del correo habrán oído hablar de los ellos dibujos que en los antiguos libros manuscritos ocupaban el lugar de los grabados que hoy adornan las obras que llamamos ilustradas; pero como serán pocas las que hayan podido ver alguna de estas preciosas iluminaciones, que se encuentran únicamente en antiquísimos códices, guardados cuidadosamente en privilegiadas bibliotecas ó en el gabinete de algun curioso bibliófilo, creemos que nos agradecerán les demos algunas noticias acerca de ellas. Si empezamos diciendo que miniatura es sinónimo de rúbrica, podrá esto á primera vista parecer estraordinario, y, sin embargo, veremos que no es difícil de comprender. Designábanse con la palabra rúbrica las letras encarnadas en los Ibros, de donde vino despues el dar el mismo nombre de rúbrica á la parte impresa con tinta encarnada, y posteriormente en caractéres itálicos en los misales y otros libros litúrgicos y hábiles calígrafos se ocupaban en copiar libros. Para que fuera mas fácil al lector encontrar el principio de los capítulos ó de los párrafos, empezaban por una letra encarnada, dándole este color con minio, que es un óxido de plomo: con el fin de hacer estas letras todavía mas visibles se las adornaba con arabescos, rasgos y hojas con las que los pámpanos de la viña, concluyendo por decorar los libros con dibujos, que recibieron el nombre de viñetas ó de miniaturas, porque reemplazaban a los adornos de hojas de viña y á las letras pintadas con minio. Estas pinturas, estas iluminaciones, hechas con mas ó menos talento, según el gusto del siglo y la capacidad del autor, eran siempre de pequeñas dimensiones y de un trabajo prolijo y minucioso. Encuéntranse ya miniaturas en manuscritos del siglo V, y el buen gusto que en ellas se observa continúa hasta el siglo X, en que se pierde para no volver á aparecen hasta el XIV, época en que presentan un verdadero mérito artístico. Las miniaturas dan un gran precio á los manuscritos, porque nos representan los trajes, armas y muebles de la época en que han sido hechas;; y aun algunas son copias de figuras mucho mas antiguas, de modo que nos conservan las imágenes de objetos perdidos hace mucho tiempo y que no conoceríamos quizá á no ser por este medio. El mas antiguo manuscrito que se conoce con miniaturas es el de Virgilio, que existe en la biblioteca del Vaticano. El manuscrito de Froissard, que se halla en la biblioteca imperial de París, es una fuente inagotable para obtener datos sobre un gran número de puntos de la historia de Francia y de la de Inglaterra. El Libro de los Torneos, publicado por el rey Renato, ofrece tambien muchas curiosidades. No es posible olvidar Las horas de Ana de Bretaña, el mas bello y rico manuscrito de este género que se conoce, verdadero modelo de arte. Las viñetas del manuscrito del evangelio de San Cuthbert, hechas por San Ethwald, ilustran muchos puntos relativos á la historia de las artes en Inglaterra. La paráfrasis poética del Génesis, escrita por Coedmon en el siglo XI da á conocer los instrumentos y utensilios de que se servían los anglo-sajones. Las miniaturas que acompañan la Historia de Ricardo, contienen los trajes de guerra del principio del siglo XV. En la catedral de Pisa existe un libro de coro en vitela, que se cree debe ser del siglo XII, donde Exulted que se canta el Sábado Santo, esta adornado con miniaturas representando animales y plantas. En España tenemos varios códices manuscritos con miniaturas, especialmente en la biblioteca nacional de Madrid y en la del Escorial, entre los que citaremos el célebre Códice Vigilano, que contiene todos los Concilios, desde el primero de Nicea hasta el décimo séptimo de Toledo, ademas de varias cartas pontificias, etc., remontándose su antigüedad al año 976, y estando escrito con hermosa letra gótica y adornado con miniaturas iluminadas; el Códice Emilianense escrito el año 994; el Códice arábigo escrito en el siglo XI; la Biblia manuscrita, con viñetas, del siglo XII, que regaló á la catedral de Toledo San Luis rey de Francia; y el precioso libro de coro con iluminaciones de Juan y José de Salazar, que se conserva en la biblioteca de la misma iglesia. En todas las naciones de Europa se encuentran generalmente miniaturas; pero en Francia y en Flandes es donde hizo este arte mayores progresos y donde mas llegó a generalizarse. Siguiendo las diferentes épocas históricas y ha medida que las tinieblas de los siglos de la edad media se disipaban ante los primeros destellos del renacimiento de las artes, los miniaturistas fueron perfeccionándose así en la composición como en el colorido. La época en que en Francia alcanzaron mayor grado de perfeccion, fue el reinado de Carlos V, cuyo hermano el duque de Berri era muy aficionado á los manuscritos adornados de este modo. A pesar del gran número de miniaturas que existen muy pocas llevan los nombres de sus autores, monjes la mayor parte de ellos. Entre los que han llegado a nosotros, podemos citar á Oderico de Gubio, canónigo de Siena, que vivia en 1233, citado por el Dante, Guido de Siena y Simon Menemi, que vivian en la misma época; Francisco de Bolonia, discípulo de Oderico; Cibo, monje del siglo XIV; fray Bernardo, que vivia en 1450 y que recibió el nombre del Bountalenti; Gerardo, muerto en 1470; Bartolomé Della Gatta, abad de San Clemente en 1490; Agosto Decio, milanés; J. B. Stefaneschi, religioso; Pedro Casarei, de Perusa, que adornó con miniaturas varios manuscritos que se conservan en la catedral de Siena; el padre Silvestre, religioso de Florencia; el padre Piaggi, teatino; Fonquet, miniaturista de Luis XI; Antonio de Compaigne, enterrado en París en la iglesia de San Severino; Julio Clovio, muerto en 1578, del que se conserva un misal adornado con viñetas del mejor gusto y excelentes dibujos; Gerónimo Ficino, que vivia en 1550; Jacobo Argenta de Ferrara, en 1561; Ana Seghers, en 1550; Juan Miclich, en 1572; y los ya espresados Juan y José de Salazar, naturales de Toledo, que vivian á fines del siglo XVI y principios del siguiente. Despues del descubrimiento de la imprenta los miniaturistas se ocuparon en adornar las iniciales de los libros ó en pintar viñetas al principio y al fin de los capítulos, especialmente en los misales y libros de horas; pero bien pronto los libros se multiplicaron tanto que hubiera sido difícil continuar iluminándolos de este modo. Estas pinturas han sido sustituidas mas modernamente con grabados llamados también viñetas, aunque ya no ofrezcan semejanza ninguna con los pámpanos de la viña. Los miniaturistas é iluminadores tuvieron, pues, que abandonar los libros y dedicarse á pintar otras cosas, especialmente retratos, que por su pequeñez conservaron el nombre de miniaturas. Adornábanse con estos retratos cajas de tabaco, brazaletes y hasta abanicos; y nuestros padres se retrataban en miniatura en las solemnes ocasiones de un casamiento, ó de una ausencia, etc. Ahora no habrá muchas de mis bellas lectoras que no posesa cien tarjetas-retratos en cartera, amén de otras ciento en circulación. El daguerrotipo y la fotografia han matado los retratos en miniatura, como la imprenta mató las miniaturas en los manuscritos. (Arreglo del francés)
José M. de Larrea June 25 Dante IIIA continuación insertamos el siguiente capítulo de la biografía de Dante Alhigieri que Cayetano Vidal publicó en el número 362 de la revista madrileña, destinada al público femenino, <El Correo de la Moda>, que vió la luz el día 16 de julio de 1860. Respetamos la ortografía original.
DANTE II. LEYENDAS (Continuación)
Algunos años habian transcurrido: el proscrito de Florencia arrastraba sus dolores y amarguras por las estrechas calles de la Cité, procurando apagar la memoria de las grandezas pasadas con la asistencia á las sesiones de la Sorbona, ó con la composición de aquellos inspirados conceptos, que constituyendo cada uno de por sí un robusto y bien labrado sillar, juntos debian componer el magnífico y sin par monumento levantado á la memoria de una mujer. Pero ni el triunfo obtenido sobre los doctores de aquella academia, cuyas cuestiones analizó, y digámoslo así, desmenuzó juntas y detalladamente; ni la aureola de gloria que debía rodear su nombre en lo porvenir, cuyos destellos entreveia en sus sueños de poeta, amortiguaban en el pecho el amor á la patria, a aquella patria que tan ingrata fuera con el defensor de sus libertades. Llegó un dia en que la reaccion torno a consolidarse en Florencia, y entonces haciendo un estraordinario sacrificio de amor propio, solicitó que se levanara la sentencia que le obligaba a vivir lejos de su bel San Gioanno. Más como para alcanzarlo se le impusieron severas humillaciones y bajezas, devorando sin duda las lágrimas que le arrancaran el dolor y el despecho, contestó con magnánima entereza: <Que en todas partes iluminaria el sol, y que si bien amargo, jamás le faltaria el pan.> La nieve de los años comenzó sin embargo á caer sobre aquella naturaleza gastada por los pesares, por los trabajos y por el estudio. Las húmedas y sombrías calles de la Cité traian con mas frecuencia á la memoria del peregrino las rientes praderas y floridos vergeles de su amada Italia: el aspecto del París del siglo XIII le hacia suspirar por su Florencia, con sus palacios, sus iglesias y sus castillos de gusto tan puro y delicado como los chapiteles, portadas y rosetones de Nuestra Señora, cuya grandiosa fábrica se acaba de construir. Apoderóse de él esa terrible enfermedad que se llama nostalgia, y á pesar de que pocos meses antes habia rechazado las proposiciones degradantes mediante las cuales se le consentia volver á su patria; á pesar de que se le representaba viva la memoria de aquellas humillaciones de que fuera víctima al entrar y salir de la casa agena en busca del amargo pan de la emigración, se decidió á volver á Italia. Allá en la antigua é ilustrada Ravenna, conservaba un amigo, que nunca, ni en sus dias de gloria, ni en sus años de infortunio olvidó al soldado de Campaldino. Guido Novello, seor de Polenta, moraba en aquella ciudad, y allí dirigió sus pasos el desterrado por los odios de partido.
¡Cuánta ternura, cuántas lágrimas, cuántos recuerdos, cuántos odios, temores y esperanzas se agolparian en la cabeza y el corazon del cantor de Francesca al poner la planta, después de quince años de ausencia, en las comarcas italianas! Y sin embargo pronto nuevos pesares debian lacerar su atribulado corazon. Al atravesar las ciudades güelfas, mal apagados aun los rencores de banderia, salian las mujeres y los niños, y acompañaban con rechiflas y maldiciones al desventura gibelino, que viejo, decrépito y desesperado, regresaba al suelo pátrio. Las mas prudentes, contenidas quizás por el respeto y la preocupación, apretaan contra su regazo á los pequeñuelos, y con misterioso tono y siniestro ademán les decian: <veis á aquel hombre? Pues ha estado en el infierno>.
Por lo menos si Dante hubiese podido oir semejante observación, habriase regocijado al considerar que su Cántico del Infierno, la primera parte de su poema, el dilatado manuscrito que entregara quince años antes al prior de Santa Croce se habia generalizado, ya que hasta las mujeres en su piadosa preocupación creian que el cantor de las miserias humanas habia realmente presenciado los cuadros de horror y desesperacion, hijos solos de su ardiente fantasía y observacion profunda y detenida.
Cuéntase, sin embargo; y esto pudo compensar en parte al vate florentino de tanto desprecio como habia debido apurar, que al discurrir por una de las calles de otro de los pueblos a atravesar debia para llegar á la mansion de Guido, oyó á un chapucero que el compás de su martilleteo entonaba, ó que mejor decir, destrozaba los preciosos versos de aquella cancion que compusiera un dia en honor de Beatriz; aquella cancion que puesta por Dante en boca de Casella empieza: <Amor che nella mente me raciona.>
Entonces entró en la tienda, y topando cuanto halló á mano echólo por el suelo, diciéndole al atónito menestral: -- <Tu musitas mis versos y destruyes mi propiedad, yo arrojo al suelo los instrumentos de tu oficio: estamos pagados.>
Cayetano Vidal April 21 DANTE IIInsertamos a continuación el siguiente capítulo de la biografía de Dante Alhigieri que Cayetano Vidal publicó en el número 361 de la revista madrileña, destinada al público femenino, <El Correo de la Moda>, que vió la luz el día 8 de julio de 1860. Respetamos la ortografía original.
Dante II. Leyendas
DANTE, como todos los génios privilegiados, que han dejado profundamente impresas las huellas de su peregrinación sobre la tierra, ha merecido de la posteridad ese tributo especial; ese simulacro de adoración, que si en parte desvirtúa la esencia histórica de la vida del hombre que se pretende inmortalizar, indica el grande aprecio y consideración en que lo han tenido sus semejantes, ya que han visto ó han pretendido ver en el circunstancias extraordinarias, maravillosas, podríamos decir, y que bastarian por si solas para distinguirle, no solo del vulgo de las gentes, si que tambien del comun de los que con sus obras ó con su ejemplo ilustran ó guian á la desvalida humanidad. Homero, Virgilio, Tasso, Camoëns, Milton –y no se crea que porque limitemos nuestras citas a los autores de los mas notables poemas, pretendamos que no las hayan merecido otros tambien- tienen sus leendas, que rodeando su nombre cual con celestial aureola, hacen que veamos sus colosales figuras al través de una luz maravillosa y sobrenatural, que á nuesro entender personifica completamente la imagen del GENIO. Verdad es que si dejándonos guiar simplemente por esa falsa luz, quisiéramos conocer y estudiar el carácter y los mas pequeños detalles de la vida de tál ó cuál escritor, lejos de alcanzarlo caeríamos en el estremo opuesto. Mas la sana crítica, depurando la sustancia, y quilatando el valor de esas tradiciones, de esas leyendas, de esas anécdotas, con que la posteridad muchas veces, y otras los mismos contemporáneos han engrandecido la vida de sus héroes favoritos, á la par que sondea hasta los mas recónditos pliegues de su corazon, comprende la influencia que han ejercido sobre la humanidad, toda vez que ha querido ver en ellos algo mas que un hombre, bien asi como ha señalado la intervencion de un poder sobrenatural, maléfico ó bienhechor, en la realización de esos soberbios monumentos que, hijos de otras edades, desafian indiferentes los rigores del tiempo y la destruccion de las generaciones á pesar de su sencillez, ligereza y aparente debilidad. Nada tiene, pues de estraño que DANTE, el inspirado vale Florentino; el inmortal cantor de Francesca y Beatriz; el fogoso pintor de terrible Hugolino y de la dulcísima Rosa del Empireo, tenga tambien sus leyendas, sus tradiciones, y sus peregrinas anécdotas; ya que para ello se reunian las circunstancias especiales de su vida toda, desde que niño abre un templo de amor en su corazon á la cándida Beatriz, hasta que despues de haber ocupado los mas altos destinos, y sufrido la mas amarga emigración, muere poco menos que abandonado lejos del pátrio hogar; y lo estraño, lo original, lo inspirado y sublime de su obra inimitable. Hay mas aún: existen en el corazon y en vida del hombre ciertos misteriosos arcanos, ciertos acontecimientos extraordinarios, que no caben dentro del cuadro de la mas acabada biografía, y que la mayor parte de las veces pintan por si solos un personajes, ó por lo menos completan su figura. La anécdota y la leyenda, si quiera sean imaginadas, llenan casi siempre este vacío. Vamos, pues, á dar á conocer á nuestras lectoras algunas de las mas notables relativas á la vida de Dante, ypor ellas se acabará de comprender al poeta cuya biografía tenemos publicada. I Defendido de las frías brisas de los Alpes por un pequeño montecillo, y bañado sus plantas en la majestuosa corriente del Magra, levantábase risueño y encantador en rende de unos de esos pintorescos valles en que tanto abunda la bellísima Italia, el monasterio de Santa Croce del Corvo, construido en 1176 por el piadoso obispo de Luni. La primavera de 1306 tocaba a su término, y á la hora del crepúsculo de uno de sus mas hermosos días, se dirigia á él con paso lento y mesurado, un hombre que si por su apariencia general demostraba hallarse en los mejores años de su vida, las profundas arrugas que cubria su semblante, hacian creer tocaba la ancianidad. Su decaido espíritu se reanimaba con la aproximación al monasterio, y las lágrimas que coco antes, como involuntariamente desprendidas, rodaban perezosas por sus enjutas mejillas, evaporándose absorvidas por el suave ambiente de la tarde, que al acariciar la ensortijada y negra cabellera del triste peregrino, le llevaba confundidos los cercanos sones de una campana, con todos esos vagos rumores que se escapan de la naturaleza al despedirse de la luz del sol. –<Ingrata, ingrata patria>- decia de vez en cuando, y cual si estas palabras trajeran á su memoria un mundo de grandezas perdidas y dolores pasados, y un porvenir de incertidumbre y amargura, cubria de nuevo su semblante mortal palidez, y precipitaba el paso para llegar cuanto antes a la casa del Señor, cuyo cimbalo tan elocuentemente llamaba á la oracion. -- Qué buscais, hermano?—le dijo el venerable Hilario, prior de la comunidad, no bien vencido por el cansancio y la fatiga se dejó caer, mas bien en llegó sobre las gradas del atrio. -- Paz, paz para mi alma dolorida. --¿Cuyo es, pues, vuestro nombre? – repuso el sacerdote, imprimiendo un ósculo de santo amor en la frente del peregrino. -- Mi nombre!…. Ah, ved en mi al caido Prior de la envilecida Florencia! -- Luego sois… -- Si, Dante, Dante Alhigieri. El que por amor á la patria blandió en Campaldino la espada del soldado; el que por amor á la patria arrostró en Roma en Hungría, en Nápoles y en París, las iras y el desprecio de los Monarcas, á los cuales fué enviado; el que or amor á la patria abandonó el partido de sus mayores; el que por amor á patria, en fin, se ve hoy proscripto, errante, condenado á ser quemado vivo si de nuevo pisa los umbrales del pueblo que le vió nacer, y forzado á alentar su miserable existencia, mendigando el amargo pan de la emigración.. Allá, al otro lado de los Alpes, existe una ciudad en la cual las artes y las ciencias tienen abierto un templo; allí se dirigen mis pasos, mas antes de abandonar el suelo de mi querida Italia, quiero dejarle una memoria que mantenga vivo el recuerdo del pobre proscripto. Así diciendo, y mas calmado de su agudo dolor, sacó de su seno un abultado rollo de blanco pergamino, y entregándoselo al prior dio: -- He aquí la primera parte de mi poema: es el Cántico del Infierno. Desde los que delinquen por su indiferencia, hasta los sacrílegos que reniegan de su Dios; desde los que obedeciendo a livianas pasiones olvidan sus deberes, hasta los que movidos por el espíritu de partido, se ensañan contra sus enemigos, todos se hallan en él sufriendo los mas horrorosos suplicios.- Remitidlo á vuestro amigo y el mío Ugucione Della Faggliola, y decidle que lo conserve como recuerdo del que sucumbió por su amor a la libertad. Dijo, y abrazando al buen sacerdote tomo de nuevo la ruta de los Alpes. ________________
Quién sabe! Tal vez al recordar mas tarde la placentera escena de Santa Croce del Corvo, y la apacible calma de la naturaleza que entonces le rodeaba, prorrumpia en aquellos sentidos versos que tan profundamente hablan al corazon.
Era gia l óra volge il disio Ai naviganti, e internerisce il core Lo di che han delto ai dolci amici a dio; E che lonuovo peregrin d’ amore Punge, se ode squilla di lontano, Che paia il giorno pianger che si more (Purg. VIII 1.2.)
Cayetano Vidal
January 31 EL DANTE. I. Biografia
A continuación insertamos el primer capítulo que el escritror Cayetano Vidal publicó sobre Dante Allighieri en la revista madrileña, destinada al público femenino: <El Correo de la Moda>; esta primera entrega vio la luz en el número 349, del año X, de 8 de abril de 1860. Respetamos la ortografía original.
I. Biografía
El modo que de tarde en tarde nuevos astros y constelaciones, mas brillantes ó preciosas que las conocidas, vienen a aumentar el número de las maravillas de la creación, de la misma suerte aparecen entre la humanidad, en su constante viaje de civilizacion y progreso, genios especiales y privilegiados, que á la par que ilustran con su saber el tiempo en que viven, y las edades futuras con sus obras y su ejemplo, fundan nuevos sistemas, estirpan ridículas preocupaciones, establecen atrevidas doctrinas políticas y sociales, é inauguran, o por mejor decir, personifican épocas enteras, eclipsando con su brillo cuanto existe á su alrededor. Uno de estos genios – para nosotros el mas grande de los tiempos modernos—es el autor de la DIVINA COMEDIA, el florentino Dante Allighieri, mas conocido y justisimamente alabado por sus obras, cuando ya el incienso del elogio no podia servir de compensacion a las amarguras de su vida toda, que mientras sacrificaba su tranquilidad y su vida en aras de su amada patria. Nació en el año 1265 de una de las mas nobles familias de Florencia, demostró desde sus mas tiernos años las felices disposiciones de que pródiga le dotara naturaleza. Quizás sin la intervencion de la casualidad, ó la mano de la Providencia, no se hubieran manifestado aquellas en edad tan temprana; pero ello es, que niño aun, sintió una de esas emociones que casi siempre deciden el porvenir de los hombres de genio. Celebrábase la fiesta de las Calendad de Mayo, y con tal ocasion lo acompañó su padre á la casa de su vecino Folco de Portinari: alli vió á Beatriz, niña tambien como él, pero cuyo rostro expresivo cubierto de un tinte melancólico, y azulados ojos, en los cuales se leia la grandeza de su pensamiento la ternura de su corazon, llegaron hasta lo mas íntimo del alma del jóven Dante, que en aquella inocente niña creyó ver un ángel del Señor. Beatriz fue desde aquel instante la musa que inspiró sus acentos al apasionado poeta; Beatriz fue el único pensamiento del Dante; Beatriz fué su mundo, su gloria, su sér, y en el arrebato de su purísima pasion, llego á ofrecer un respetusoso culto á la que habia despertado nuevos sentimientos en su interior. Mas ¡ay! Que pronto, cual tierna flor que nace y muere con el sol del mismo dia, el alma candida de Beatriz debia volar á reunirse con los demas querubes que entonan himnos de gloria junto al trono del altísimo. Dante tuvo un presentimiento de la terrible desgracia que le amagaba, y muy pronto la muerte de Beatriz realizó el funesto ensueño que le escitára su calenturienta imaginacion. En la honda melancolía que se apoderára del alma del poeta, y seguro de que ya no podia encontrar ventura sobre la tierra, refugióse en el estudio, para elevar mas tarde á la memoria de aquella un monumento cual no se habia erigido á otra mujer. Entonces fue cuando adquirió aquel cúmulo de conocimientos, que ha hecho que su obra mas acabada constituya una verdadera enciclopedia de las ciencias de su tiempo. Porque no contento con el estudio de los poemas de Homero y Virgilio, de las odas de Píndaro y Horacio, poco satisfecho aun con conocer las canciones de amor de Arnaldo Daniel, y los cantos bélicos de Bertrand de Born, quiso estudiar detenidamente las artes del Trivio y Cuadrivio, es decir, lo que constituia el tesoro del saber de aquella edad. Quizás cuando su alma se sentía fatigada por el estudio, volvia los ojos al purísimo espíritu que desde el cielo le miraba, é inspirado con sus recuerdos escribia la Vita nuova, sincera y tierna revelacion de las tribulaciones que su alma esperimentára en su juventud. Llega sin embardo una edad en la vida del hombre que siente en su corazón necesidad de agitarse en mas vastas y dilatadas regiones. La santa ambición de gloria por un lado, y el deseo de ser útil á su patria dominan en él, y todo cede ante esa generosa idea. Por aquel tiempo hallábase amenazada de muerte la independencia de las repúblicas italianas, y Dante quiso contribuir á salvarla, alistándose en consecuencia en uno de los gremios mayores, con el fin de poder desempeñar cargos en la república. Desde este momento, ¡cuántos triunfos, cuántos padecimientos, cuantas peripecias y alternativas en la vida del que siendo güelfo por nacimiento, se hizo blanco por convicción, para terminar en gibelino por puro resentimiento popular! (1) Vencedor en el combate; prevaleciendo su opinion en el consejo; enviado en distintas ocasiones para ajustar paces y tratados con provincias y ciudades vecinas; Prior finalmente de su ciudad natal, lo vemos poco despues perseguido, desterrado, sentenciado arbitrariamente como concusionario; vagando errante y cual buque desmantelado y sin gobernalle, á merced del viento de la pobreza, por Siena, Trezzo, Pádua y Bolonia; escarnecido y maltratado por niños y mujeres en las calles de las ciudades güelfas; pidiendo paz y caridad en el convento de Santa Croce del Corvo; mendigando el amargo pan de la emigración en los arrabales de París, aplaudido y vitoreado por el triunfo obtenido sobre los doctores de la Sorbona; viviendo despues en Verona triste y melancólico como siempre; y contestando á una proposición indigna, mediante la cual se le permitia regresar á su patria: Que en todas partes le alumbrarian los mismos astros, que si bien salado y amargo nunca le faltaria el pan. Palabras que pintan el temple de su noble alma, y que borran completamente las que, obedeciendo a bajas pasiones escribiera ó pronunciara en momentos de desesperacion. Y si esto fuera insuficiente aun, bastaria saber que su muerte, acaecida en 1321, fue ocasionada por el mal éxito de una embajada á Venecia que le confiára Guido Novello, señor de Rávenna, y que al espirar salieron de su boca las palabras de Salomón: <¡Vanidad, todo vanidad!> Tal es el brevísimo resúmen, la vida del cisne de Florencia. Víctima de la crueldad, del odio, de la tirania, de todas las malas pasiones, en una palabra, de su tiempo, ha merecido y alcanzando la mas brillante apoteosis de la posteridad. Sus obras, y especialmente La Divina Comedia, se han hecho por decirlo así, el patrimonio de todas las naciones civilizadas, y cuando la Italia, aquella que lo arrojó ignominiosamente de su hermoso suelo, ha sentido extinguirse la llama de su inspiración, ha acudido á la obra inmortal, en que pusieron mano Cielo y Tierra; bastando la lectura de uno solo de sus difíciles y armoniosos tercetos, para que de nuevo brotára fresca, lozana y abundante la mas sonora y dulcísima poesía.
Cayetano Vidal ________________________ (1) Conocianse con el nombe de güelfos los que seguian el partido del Papa ó de Italia, y con el de gibelinos los secuaces del Imperio ó de la casa de Austria. Aquellos eran blancos o negros, segun que transigian mas ó menos con las ideas del partido contrario. December 23 Máscaras III. por J. A. Viedma
El artículo de J.A. Viedma fue publicado por la revista madrileña <El Correo de la Moda>, dentro de la Sección Variedades, en el número 291 del Año IX, que salió el 24 de enero de 1859.
Máscaras
Artículo disfrazado
I
Venid los galanes á elegir las damas, que en Carnestolendas amor se disfraza Moreto
Era á principios del siglo XVI, cuando el Emperador que dejó una corona á las puertas de un convento, encariñado con la verdad, decretaba: Por cuanto del traer máscaras resultan grandes males, y se disimulan con ellas y encubren, mandamos que no haya enmascarados en el reino, so pena de cien azotes públicos á la persona baja que se disfrace de dia, y doscientos si lo hiciere de noche, y destierro por seis ó doce meses si fuere noble el enmascarado. Esto pasaba en Valladolid, donde hervian los enmascarados de todas clases, y donde estaban en práctica costumbres que no debian oler muy bien a la moral, aun en un valle de olores. Hubo por ende sus penas, sus vapuleos que destierros, y el caso fué que al cabo y a guisa de antifaz, á la ley se le echó un velo, y tornaron los españoles á ponerse la careta. En el reinado de Felipe IV estuvieron tan en moda, que apenas hubo fiesta en córte en que no hubiese mascaradas y danzas. Para una de las régias veladas del Buen-Retiro se mandó por pregon, que nadie entrase con armas y sin careta, y el 15 del próximo febrero es aniversario de una lucidísima fiesta de mascaras que tuvo lugar en dichos jardines en el año 1637. Por Enero precisamente, y hará como siglo y medio, el rey D. Felipe V ordenaba en Madrid, que ninguna persona, vecino ó morador, estante ó habitante en esta córte, de cualquier estado, calidad ó condicion, pudiese admitir enmascarados en su casa para bailes de Carnaval ó inmediatos á esta época, pena de mil ducados. Publicóse en bando como ley, pero no debieron corregirse sin duda los españoles en cuanto á disfraces, porque años después, en 1748, volvió el Rey en el Pardo á ocuparse en este asunto, prohibiendo de nuevo las máscaras, pública y privadamente, en danza ó paseo, pena al contraventor si fuese noble, de cuatro años de presidio, y al prebeyo de otros tantos de galeras, y á unos y otros de treinta y dos dias de cárcel, amén de los mil ducados. Y parece que una vez en práctica esta especie de cacería de enmascarados, nuestros abuelos presentaron el rostro escondiendo el corazon. El resultado pues era el mismo. La máscara eludia la ley, y tantos embromados habia con antifaz como sin él. Esta consideración debió mover á los legisladores á ser mas humanos con la careta. Transigiose con las mascaradas, prévias mas ó menos formalidades, según los tiempos, y en particular desde el reinado de Carlos III, hubo al menos una época en el año en que los hombres y las mujeres solían decirse la verdad en traje de mentira.
II
Si Carlos I y doña Juana, y Felipe V, pudiesen hoy dar un paseito por sus reinos, figúrense Vds. El rato que pasarian. A la sazon no hay en la Villa del Oso mas que seis u ocho asociaciones-coreográficas con careta. El Casino Matritense, El Liceo, La Belleza Madrileña, La Oportuna, La Jóven Esmeralda, etc., etc. En Capellanes se baila, y se baila en el Circo de Paul. El primero es un ex-seminario, cuyas bóvedas tiemblan de ira al oir una polka. El segundo debe su celebridad á sus fiestas coreográfico-ecuestres. Aquí no es muy violenta la transición. Hoy es un salon oriental, refugio de desorientados. Ademas se baila en Lope de Vega y en Tirso de Molina. Estos serian los dos monumentos que ha levantado España á los autores de La villana de Vallecas y de El mejor alcalde el rey. Y por si no es bastante para calmar la inspiración pedestre, muy pronto el Régio Coliseo comenzará sus veladas carnavalescas, y la Cruz pasando por alto su título hará lo mismo, y el Príncipe, y la Zarzuela, y la Plaza de Toros si es necesario. Esto amén de cuatromil Casinos y otros tantos Liceos que estarán hoy en España ocupándose de asuntos idénticos. Decididamente la profesion de un callista es la que ofrece mas ventajas para el porvenir. Pero en cualquiera de estas soirés enmascaradas aprenden: El estudiante, á perder el año. La modista, á quedarse sin parroquia. El hacendado, á deshacer lo que sus papás hicieron. El pollo, á saber muchas cosas de buen tinto, sino de buena tinta. El literato, á soltarse en el manejo de la lengua. El cala-vera, á calar de verdad á través de la careta. El tonto a desempeñar su papel. El fil-oso.fo, á que le coja de medio á medio su dominación. La viuda a perpetuar su estado. El hortera, á ejercitar los piés. El barbero, á familiarizarse con las vacías (suplecabezas) El sastre, á zurzir y cortar, según convenga. Y así casi todos los demas concurrentes. Y los que forman estas asociaciones se divierten, y tienen después que contar, hasta dinero. En cambio no ha podido formarse en España una Sociedad de autores dramáticos siquiera. Esta última consideración me parece de un gran efecto cómico para concluir este párrafo.
III
Los cortesanos á la máscara Le llaman rostro. Covarruvias
Ahora me acuerdo de que debí comenzar este artículo investigando la antigüedad de la máscara, y dando después cuenta de su metamorfosis. Pero ya es tarde, y para tranquilidad de mi conciencia solo puedo decir: Que la máscara debe ser tan antigua como la vergüenza. El primer bípedo que se ruborizara debió cubrirse el rostro. Si este origen no les gusta á Vds. Sea la careta invencion de la verdad perseguida. Por eso es el distintivo de la musa de la comedia. Por eso los cómicos griegos y latinos usaban de antifaces para decir la verdad al público. Y si tampoco están Vds. conformes con esta genealogía, sean los disfraces tan antiguos como los hombres feos, porque estos en cualquier siglo son máscaras, aunque no usen antifaz. Y por último, si ni aun esto sirve, venga la careta de mas-cara, esto es, otra cara, ó de cara-altera ó carátula, ó del maschere italiano, ó del masqué francés, como quieren diversos escritores. Ademas, puede ser egipcia ó romana, y oriunda de una momia ó de una bacante; pudiendo haber sido perfeccionada por los alemanes ó los venecianos. Yo creo que por los últimos, por la celebridad de sus Carnavales; pero si Vds. creen lo contrario, por eso no hemos de reñir. De estas premisas pueden mis lectoras sacar las consecuencias que gusten. De mi sé decir que la única consecuencia que de las máscaras saco, es que sacan de tino, de tono y de consecuencia á todos sus devotos. En cuanto al Carnaval, me parece un pleonasmo en la actualidad. Y la careta una redundancia en materia de disfraces. Pero puesto que este juego de conocerse ó no, divierte hoy tanto á los hombres, lo acepto; y como prueba doy á luz este artículo con antifaz. Si no le conocen Vds. consideren que sale disfrazado, y dejenle pasar, toda vez que sigue la costrumbre. November 03 Máscaras II. por Antonio Pirala En esta ocasión reproducimos el artículo que el historiador Antonio Pirala publicó en la revista madrileña "El Correo de la Moda", el 24 de febrero de 1860. Respetamos la ortografía original.
LAS MÁSCARAS
El carnaval que acaba de terminar, merece de nuestra parte algún recuerdo; y ninguno creemos más á propósito que consignar el origen de esta popular diversión, tomándole de las fuentes más acreditadas, y adoptando la opinión más admitida, sancionada ya por los escritores que nos han precedido. Parece que el origen de las máscaras se halla en las primitivas representaciones teatrales. Ora comenzará pintándose el rostro los que representaban en honor de Baco, ora se desfiguráran con caretas de papiro u otra materia, parece lo cierto que Esquilo autor de la tragedia, dio á los actores caretas; que hizo lo mismo Ateneo y otros; que después se presentó en el teatro la careta de mujer, y que introdujeron luego las máscaras cómicas de criados. Se daban distintos nombres á las caretas, según las diferentes clases de personas que reasentaban; y se dice que la careta ó máscara era hueca, y cubría toda la cabeza. En las celebres Saturnales llevaban los esclavos pintado el rostro con hollin, y en las fiestas de Minerva se corria por las calles con una máscara en el rostro; sucediendo lo mismo en las fiestas de Cibeles, de Isis y otras. Dice Diodoro de Sicilia, que los reyes de Egipto se cubrían el rostro, en ciertas ceremonias, con figuras de león, de leopardo, etc.; y que los sacerdotes destinados á cuidar los animales sagrados no se presentaban jamás en públicosino con las señales distintivas de sus cargos, que eran una máscara, que imitaba la figura del animal confiado á su custodia. Tambien los egipcios cubrian la cara de las momias con una máscara. En los triunfos y pompas públicas, y en los festines se usó igualmente la máscara, y hasta Alejando el Grande se presento disfrazado en algunos convites, asistiendo del mimo modo sus amigos. Pero seríamos interminables refiriendo las noticias que hay sobre el origen de la careta ó mascara, añadiendo únicamente, que Popea, mujer de Neron, inventó una careta hecha con una pasta de harina de trigo y leche, para conservar la finura del cutis; que posteriormente usaron las señoras caretas de terciopelo para el mismo objeto, lo cual fue comun en Francia en tiempo de Catalina de Médicis. A esta familia atribuyen muchos la introducción de la mascara en Florencia, en la época del bullicioso Carnaval, si bien ningun pueblo se distinguió tanto en Italia como Venecia en tiempo de su república; siendo este punto, en Roma y Milan donde mejor se han conservado estas fiestas, cuya fama es universal. La costumbre de los bailes de máscaras pasó de Italia a Francia en el siglo XVI, y de allí á Inglaterra. Aunque no se aficionaban mucho los españoles á las costumbres de los romanos, sus conquistadores, no son las diversiones públicas las que menos tarde se adoptan, y por consecuencia es de creer que no dejaran de tener eco las Saturnales o parecidas fiestas, pues si los arlequines ó payasos de que nos habla Ciceron eran los obligados de estas fiestas, porque eran los que mas divertian con sus exageradas pantomimas y ridiculos gestos, y se han conservado hasta nuestros dias, y son hoy tambien los obligados en algunas fiestas populares de muchas aldeas, las mascaradas que existieron en tiempo de los árabes, no es de suponer que las introdujesen estos, sino que se conservaron de los romanos á través de la dominacion goda. Y motivos hay para creer que llegaron a España a un apogeo, que no alcanzaron sino mucho después en otras naciones, incluyendo quizá a la misma Italia. La galantería de nuestras costumbres, no podia menos de aficionarse á esas diversiones de amantes y frecuentes aventuras, que tan galana y gráficamente han retratado nuestros más célebres poetas dramáticos. La época en que estuvieron en Madrid las máscaras en su mayor apogeo, fue en el reinado de Felipe IV, que menudearon infinito. Las mas célebres, dice un amigo nuestro anticuario, con las que mandó hacer en 1637 con motivo de la eleccion del rey de Hungría, su cuñado, para rey de romanos, particularmente la ejecutada en 15 de Febrero. Para ellas se levantó una plaza de madera en el Retiro, con cuatrocientas ochenta y ocho ventanas. Estas máscaras, en las que lució el rey y toda su corte, fueron de noche y á caballo, paro lo que se alumbró la plaza con siete mil luces: furaron nueve dias, y se repitieron los tres dias de Carnaval, en los que hubo mogigangas en carros, y en estos iban cómicos representando comedias alusivas. Fue tanto el entusiasmo del rey por las máscaras, que en estas hizo publicar un pregon mandando que ninguno entrase en el Retiro con armas y sin careta en el rostro: de suerte que hasta los que entraban a pretender o á pedir justicia tuvieron que ir de mogiganga, como se decia en aquel tiempo. Por lo general, las bodas reales, los nacimientos de príncipes o infantes, se solian celebrar con vistosas mascaradas, hasta que Felipe V mostró no tenerlas afición, ni su sucesor Fernando VI, que las prohibieron. Resucitólas Carlos III, aunque modificadas, y con varias vicisitudes, han venido á ser lo que hoy vemos, y sufrido una completa transformacion. Lo que en esto hayan ganado la moralidad y las costumbres, no es ahora de este lugar, y aumentaria demasiado las dimensiones de este artículo: bástenos decir, sin embargo, que siendo á luz del sol y en paseos públicos el principal teatro de las mascaradas, nada puede decir contra ellas la crítica mas severa, el zoilo mas escéptico, y que el pueblo que así goza, no tiene que llorar moralidad perdida.
September 05 Máscaras.Florencio Janer, escritor y peridista, publicó este artículo el día 16 de febrero de 1861, en la sección de Variedades de la revista destinada al público femenio <El Correo de la Moda> con el subtítulo de Albúm de señoritas. En la que se incluían temas de literatura, educación, música, teatros y modas.
En la Antigüedad y en nuestros dias
Casi todos los pueblos del mundo han conocido la costumbre de enmascararse en ciertas épocas del año, ya para celebrar misterios religiosos en honor de sus divinidades ya para cumplir con propósitos que así lo requerian, ó meramente por divertirse ó lazarse. Los egipcios, en tiempos del rey Sesostris, introducian en las ceremonias de su culto hombre enmascarados con cabezas de animales, creyendo obtener mayor prestigio sobre el espíritu supersticioso del pueblo. En el culto a Isis es en el que parece se distinguian en gran manera los sacerdotes, cubriendo sus cabezas con máscaras de león, de ibis, de gavilan ú otros animales. Consérvanse todavía monumentos ejipcios que nos ofrecen el carácter de aquellas máscaras, entre ellos la célebre Tabla Isíaca y muchos amuletos custodiados en diversos museos arqueológicos. Otras veces, según refiere Diodoro de Sicilia, los encargados de dar la comida á los animales sagrados, lo hacian siempre poniéndose mascaras que imitasen á los mismos animales, con el in de evitar los efectos del mar humor de aquellos al ver cerca de sí animales de otra especie. De los egipcios pasó a los griegos el uso de enmascararse, inventándose además las máscaras para el teatro con el objeto de representar mejor los gestos, las edades y las razas, y también para ahuecar la voz y facilitar su comprensión en los bastos escenarios, casi siempre al aire libre. Sobre quien fuese el inventor de estas mascaras no se hallan de acuerdo los escritores antiguos. Snidas no atribuyó al poeta Phrynico, Ateneo á Cherilo, Horacio á Esquilo, Diomedes á Rossio Gallo, Aristóteles dice que no puede saberse de cierto. Diversas fueron las clases como diversos los nombres de semejantes máscaras, que envolvian toda la cabeza; diferenciándose en esto de las usadas hoy generalmente. En las fiestas de Baco, de Cibeles y de Minerva, se usaban tambien las máscaras, coronándose además hombre y mujeres con yedra. En los triunfos y grandes ceremonias públicas se usaron igualmente. Los romanos, que tantas cosas tomaron de los griegos, hicieron tambien uso de las mascaras, sobre todo en las grandes fiestas Saturnales, en que se formaban cuadrillas de mascaras para recorrer las calles y los campos, cantando coros, paseándose á todas horas del dia, y dando lugar muchas veces á lamentables escesos. Semejante costumbre, como otras muchas del paganismo, fue tolerada por la cristiandad; pero la civilización, dice un autor, adoptó para las máscaras sus adelantos, y hé aqui porque Roma de hoy vé recorrer sus plazas y calles por multitud de máscaras como en tiempo de los Césares. El Carnaval no es, pues, otra cosa que un resto del paganismo, y un recuerdo de las bacanes de los antiguos. A pesar de relegarse el uso de las máscaas únicamente para celebrar estas fiestas populares, ha habido ocasión en que han servido de adorno e indispensable prenda del traje de las damas. En Francia, en tiempo de Catalina de Médicis, rara vez salian de su casa las señoras de distinción, sin cubrirse el rostro con una elegante y diminuta máscara de terciopelo. Este uso se atribuye al deseo de preservar el cutis de los efectos de la atmósfera, pero tambien como medio de promover escenas galantes y comprometidas. Tal como se conocen hoy las máscaras, despojadas del carácter religioso de los egipcios, relegadas a las diversiones populares del carnaval, ocupan el primer rango en Roma y en Venecia. En esta última ciudad, las fiestas de máscaras principian el dia de Reyes y terminan el primer dia de Cuaresma. En Venecia, durante los dias de carnaval, recorren sus calles acuáticas numerosas góndolas empavesadas, desde donde los jóvenes de todas clases, disfrazados y vestidos de mil colores, se envían unos á otros espresiones llenas de galanteria. De noche se iluminan magníficamente lo mismo la ciudad que los canales, y toma Venecia un aspecto fantástico que recuerda los mejores tiempos de su pasada grandeza. En Alemania, sobre todo en Colonia, Leipsich, Maguncia y Dresde, las máscaras son acogidas con entusiasmo. París no tiene hoy sino recuerdos de lujo y locura que se desplegaba en las mascaras durante el reinado de Luis XIV: la procesión du boeuf gras y los bailes de máscaras de los Bulevares, son las diversiones que el Carnaval ofrece á los parisienses. En España, las ciudades en donde existe mas decidida aficion á las máscaras, son indudablemente Madrid y Barcelona. En esta última ciudad, si bien están en boga las comparsas ó cuadrillas de máscaras nocturnas que recorren los salones y los bailes particulares; en cambio no hay la espansion que reina en el Carnaval de la córte, por lanzarse á las calles y paseos de la coronada Villa militares de máscaras ataviados de mil diversos modos, guardando el mas riguroso incógnito. En los primeros años del régimen constitucional, el furor por las máscaras rayaba casi en delirio. Bien lo demuestra el siguiente anuncio que apareció en el Diario de Avisos de Madrid del dia 29 de enero de 1837:
Según otro anuncio publicado en el mismo Diario de Avisos de Madrid del dia 1º de febrero de 1837, se abrió entonces en la calle del Príncipe un tan vasto almacen de selectos y elegantes trajes para máscaras, que podia afirmarse no tenia rival en Europa. Los Carnavales empezaron en Madrid en el año 1767, con motivo de no haber diversiones por las máscaras como en otras córtes.- Con el entusiasmo por las máscaras que demuestran aun los madrileños, es de esperar que la antigua conmemoración de las Bacanales, requerirá el transcurso de muchos años para que llegue á estinguirse.
Florencio Janer June 22 POESÍA DE JOHANN WOLFGANG GOETHEEL REY DE LOS ALISOS (ERLKÖNIG)[1]
¿Quien cabalga a estas horas por la noche y el viento? El padre con el hijo; tiene al niño en brazos, le estrecha bien seguro, le calienta.
--Di, ¿Por qué esconces, hijo, con tal miedo la cara? --Padre, ¿no ves al rey de los alisos, el rey de los alisos con corona y con manto? --Hijo mío, ¡si es un jirón de niebla!
--Niño querido, ven, irás conmigo. Yo jugaré contigo a hermosos juegos; muchas flores alegres aguardan en la orilla mi madre tiene muchos mantos de oro.
--Padre mío, ¿no escuchas, dime, lo que en voz baja el rey de los alisos me promete? --Estate quieto, cálmate, hijo mío; el viento pasa y zumba entre las hojas.
--Niño querido, ¿quieres ir conmigo? Mis hijas estarán esperándote, hermosas: mis hijas, las que guían las danzas de la noche y te mecen, e bailan y te arrullan.
--Padre mío ¿no ves allí, padre, a las hijas del rey de los alisos, en un rincón sombrío? --Hijo mío, lo veo claramente: los viejos mimbrerales se han encanecido.
--Te quiero, es mi ilusión tu bello rostro: si no eres dócil, voy a usar la fuerza. --¡Padre mío, me está agarrando ahora el rey de los alisos: me ha hecho daño!
El padre se estremece y cabalga veloz; sosteniendo en sus brazos al niño que solloza, con fatiga y esfuerzo llega a casa: en sus brazos, estaba muerto el niño.
Johann Wolfgag Goethe Traducción José María Valverde June 04 Caballos en la Prehistoria
Durante el Paleógeno superior la benignidad del clima favoreció la existencia de especies animales, estando documentada la existencia del caballo de bosque de tres dedos que evolucionó dando lugar a los caballos de las estepas con tres dedos del Mioceno, a partir de estos últimos, ya en el Plioceno, se desarrollo el caballo de las estepas conocido como: el equus con el que entraremos en la Era Cuaternaria o Antropozoico última de los tiempos geológicos; en ella la configuración de los continentes no difería mucho de la actual. Es la época de las glaciaciones en la que se suceden períodos de clima muy frío con otros cálidos, el caballo se encuentra en las especies de adaptación a ambas situaciones, o indiferentes al clima, y esta documentada su existencia durante toda la era, junto con otras especies entre las que podemos citar: al león de las cavernas, leopardo, lince, gato montés, hiena de las cavernas, zorro, lobo, lirón entre las fieras y el caballo, toro salvaje y bisonte entre los herbívoros. El Paleolítico europeo presenta varias fases en las que el clima sufre variaciones sucediéndose épocas frías y cálidas; los yacimientos de las distintas facies culturales que van sucediéndose a lo largo del período documentan la existencia del equus y otros animales de tipo arcaico. Después de la última glaciación (Würm) aparecerá <el homo sapiens> más desarrollado que sus antecesores y del que poseemos gran número de restos arqueológicos que nos hablan de su aspecto físico, sus actividades y de su espíritu reflejado en las representaciones artísticas que realizaba. A través de ellas hemos podido conocer y/o intuir, en parte, sus sentimientos, necesidades y aspiraciones; este arte, aunque también incluye la representación de la figura humana, se ha definido como animalístico y en él aparecen las primeras representaciones de caballos. Los yacimientos más célebres se circunscriben a un área de Europa occidental fundamentalmente, en La Dordoña, País Vasco-cantábrico y las fuentes del Garona; zona que presenta, además, bastante uniformidad con representaciones figurativas próximas a la realidad en contraposición a la zona mediterránea de carácter más esquemático. Los ejemplos seleccionados son grabados sobre piedra caliza trabajada con instrumentos de sílex, pedernal o hueso como; si la base sobre la que se trabajaba era arcilla las manos eran instrumento más habitual o bien instrumentos de punta muy fina. El proceso de grabado presenta una evolución desde la mayor simplicidad, con líneas continúas, anchas y profundas que delinean la imagen con matizaciones con la técnica del repiqueteado. Aparecen también grabados con incisiones, aisladas o completando la figura. Muy interesantes son los bajorrelieves que aprovechan las oquedades de la roca, o los realizados tallando directamente sobre roca blanda. En general los grabados están ubicados en el interior de las cuevas y los bajorrelieves en sus entradas, existiendo diversas teorías que justificarían esta distribución. Las representaciones de caballos aparecen también en el arte mueble, es decir hablaríamos pinturas o grabados efectuados en objetos independientes realizados en hueso, piedra y marfil destinados a cubrir diversas necesidades de la vida diaria: azagayas, arpones, espátulas, lanzaderas; objetos de adorno: colgantes, placas o discos, instrumentos musicales, etc., y también los bastones de mando de fines mágico-religiosos. |