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Virginia Seguí Collar Cuaderno de BitácoraBienvenid@ a mi Web 26 September DANTE IVA continuación insertamos el último capítulo que Cayetano Vidal, le dedica a la biografía de Dante Alighieri, publicado el 24 de julio de 1860 en el número 363 de la revista madrileña destinada al público femenino El Correo de la Moda. Como es habitual se respeta la ortografía original.
DANTE III. Leyendas. (Conclusión)
Sí Dante de regreso á Italia, y gozando en la morada de Novello la
calma y tranquilidad compatibles con su azarosa existencia, y su porvenir poco
espuesto ya á rudos contratiempos, quiso alguna vez lanzar una mirada
retrospectiva á su peregrinación sobre la tierra, debió estremecerse de dolor y
de orgullo; de dolor al considerar las tempestades que le combatieron constantemente;
de orgullo recordando que merced á su indomable fuerza de voluntad, jamás habia
cedido, ni aun cuando el amor de patria, ese sublime y sin igual sentimiento
con que Dios ha enriquecido el corazon humano, mortificaba su espíritu hasta el
estremo de hacerle enfermar. Y en efecto: pocas existencias se encuentran tan
trabajadas como la del inmortal cantor del Paraiso;
pocos génios han alcanzado la gloria á mas precio que el vate de Florencia:
porque si bien algunos han arrastrado una vida de miserias y padecimientos, la
misma constancia, la monotonía, digámoslo así, de los acontecimiento que
durante ella han esperimentado, ha debido acostumbrarlos á aquel triste mal
estar: mas en Dante se observa todo lo contrario: su vida toda es un contraste
continuado, y en ella se observa constantemente que cuando á fuerza de
sacrificios ha alcanzoado un triunfo, el mas amargo y desgarrador acontecimiento
ha sucedido á aquel. Niño aun ofrece casta adoración á la cándida Beatriz, y feliz con poder quemar pudro incienso á sus piés, la vé arrebatada á su santo amor. Blande su espada en el combate; deja oir en la tribuna su elocuente voz; lucha con todas sus fuerzas en defensa de la patria, y llega á poder regir sus destinos, desempeñando el cargo de Prior; pero esto mismo le acarrea una inmensa cadena de padecimientos abarcados todos en la mas horrible é injustificada expatriación. Entabla en suelo estraño, y lejos de todos los séres queridos, una lucha de inteligencia con los hombres mas sábios de su tiempo; brilla en la Academia de la Cité; su nombre es repetido y vitoreado por los individuos de la Sorbona; los doctores le aclaman su igual; y tiene el pesar de no poder alcanzar la investidura, porque falto de recursos, y necesitando hasta lo mas necesario para el sustento, no pudo hacer frente á los dispendios que ocasionaba aquella especie de coronación. Podríamos multiplicar los ejemplos; podríamos añadir nuevos contrastes á los que dejamos apuntados, y aun así no agotaríamos la série de los que experimentó Dante en el curso de su peregrinación. Nos haremos cargo sin embardo del último de su vida, ya que él nos pone, por decirlo así, en camino de saber la leyenda del hallazgo del poema. Ya en Ravenna, y pisando el suelo
italiano, el que durante tantos años suspirara por volver a él, ocupábase Dante en la corrección de los tres cánticos
de la Divina Comedia; pero ni el
cuidado que ponia en semejante trabajo, ni las caricias de sus hijos Pedro y
Jacobo, bastaban para extinguir la melancolía que tanto tiempo hacia se
apoderára de su corazon. Diríase que al encontrarse con los acontecimientos de
su vida, débilmente indicados en las páginas de su obra, enconábanse las
heridas que su época y los hombres abrieron en su en su alma. En tal situación, Guido Novello le confió una embajada, que debia desempeñar ante el Consejo de Venecia; y á pesar de la práctica que tenia en semejante clase de negociaciones, pues durante su carrera diplomática habia desempeñado en diferentes cortes el cargo de Embajador; y á pesar de sur sumamente sencilla la mision que se le confiára, salió mal de su cometido, mas que por falta de espereriencia, por las infundadas negativas de los Senadores venecianos. La medida se hallaba colmada, y una sola gota mas era suficiente para hacerla desbordad, así es que bastó la amargura de este nuevo contraste para acabar con la vida de Dante. El mal resultado de su mision produjo en su alma tan hondo pesar, que ni las nuevas muestras de aprecio y simpatía que le diera su amigo Novello; ni la amistad con que le honraban hasta algunos de los que en otro tiempo fueron sus detractores, ni el rumor de su futura gloria, que ya cual suave susurro de aura armoniosa por todas parte le seguia, fueron suficientes á extirpar, ni bastantes para reanimar su abatido espíritu. Postrado en el lecho del dolor; sonriendo tristemente al despedirse de sus hijos; vislumbrando la imperecedera felicidad de aquel Empíreo que solo débilmente pudo bosquejar, vistiendo el habito de franciscano, cual lo hiciera durante su peregrinación por la mansion de las sombras; y alargando la descarnada mano á aquella Beatriz que le sirviera de guia, cuando Virgilio le dejó en los límites del Paraíso, entregó su alma al Criador el 27 de Junio de 1321, á la edad de 56 años. Pero Dante despertó génio sobrenatural en el lecho donde se habia dormido hombre. Escuchemos la leyenda. Seguida la muerte de Allighieri faltaban los últimos cantos del poema, en cuya composición tantos años habia invertido: todas las diligencias eran vanas, y sus amigos y admiradores desconfiaban de ver otra vez aquellos canto que tan bellas y atrevidas imágenes contienen, como son sublimes y grandiosas sus descripciones y pensamientos. Perdian ya hasta la última esperanza de hallarlos entre sus manuscritos, cuando su hijo Jacobo soñó que se le aparecia el poeta, vestido de blanco, orladas sus sienes de inmarcecible laurel. - Vives? Le dijo gozoso el amante hijo. - Si, mas la verdadera vida, no la vuestra. - Y…. terminasteis vuestro poema antes de alcanzar la celeste gloria? - Sí. - Entonces dó se hallan los últimos cantos del Paraíso? - Sígueme.
Tomándole entonces de la mano condujóle á su antiguo dormitorio, y levantando un tapiz que ocultaba un hueco abierto en el muro, le dijo.—Aquí está lo que buscais.— Cesó en ese momento el ensueño; pero queriendo convencerse de que era realidad lo que solo podía ser ilusión, pasó Jacobo á la cámara que envida ocupara su padre; levantó la antigua tapicería; apretó el resorte que disimulaba la ignorada abertura, y revueltos con otros manuscritos encontró el piadoso hijo los últimos cantos de la obra que debía hacer á su padre inmortal.
Cayetano Vidal.
Villafranca del Panadés. 1860 17 January La MúsicaEl 8 de octubre de 1867, la revista madrileña destinada al público femenino: El Correo de la Moda, publicaba un artículo titulado La Música, en el que su autor Fernández Arrea instruía a las lectoras de la sobre el origen y evolución de este arte; aprovechando la ocasión para introducir en él cuestiones religiosas y morales acordes con las convenciones de la época, al tiempo que recomienda su práctica a las lectoras por considerarla apropiada a su carácter y inocuo frente a otras modas extravagantes o frívolos pasatiempos a los que se dedicaba el bello sexo.
El origen de la música se pierde en la oscuridad de los tiempos. Desde los primeros momentos de la vida humana, las explosiones del alma, los acentos de sorpresa y admiración, esas notas delicadas del sentimiento, debieron herir el espacio, al contemplar el hombre, lleno de ternura ó de terror, el grande y soberbio espectáculo de la naturaleza.
La edad primera de la criatura racional fue la edad de las impresiones: ante su turbada vista orecióse el libro maravillo de la creacion, sublime como sus brillantes páginas , y eterno como el espíritu inmortal que le dio vida. Sus variados y repetidos fenómenos, esos rasgos admirables de suprema grandeza, impresionaron vivamente sus órganos, y postraron al hombre en el abatimiento profundo, ó en la mas conmovedora alegría. Juguete de sus sentidos, como pluma que lleva el viento, apenas podia detenerse en meditar brevísimos instantes sobre el infinito número de fenómenos que á su vista, y á todas horas, la próvida naturaleza le ofrecia.
Y era preciso que el sér humano espresase de alguna manera la alegría de su corazon o el abatimiento de su espíritu; era necesario que, al recorrer la multiplicada escala de sus impresiones, buscase tambien dulces cadencia, bellas armonías entre la grandeza del sentimiento y la sublime inspiracion del alma; entre el poderoso aliento del espírituo y los conmovedores y profundos afectos de su sensible corazon.
El canto de las aves, sus dulces y armoniosos trinos, sus amantes gorjeos, debieron herir delicadamente su oido: hasta el susurro de la fuente, al resbalar sus cristalinas aguas entre limpia y menuda arena, y las agitadas alas del viento, al cruzar por el bosque, llenando el espacio de tristes y melancólicos gemidos, debieron sin duda alguna, inflamar su pecho y alentar su alma para cantar, ébrio de alegría, las glorias de la creacion.
La melodía, pues, debió buscar sus acentos y las diferentes modulaciones de la voz humana en la variedad y suavidad del canto de las aves. ¿Quién no ha escuchado con infantil alegría, con inocente placer, en una bella mañana de primavera, el concierto bullicioso, el incesante piar y músico gorjeo de pintados y hermosos pajarillos que, con dulces y amorosos trinos, revoloteando de alegría, y saltando de rama en rama, saludan á la aurora, en tanto que el sol naciente despide sus rayos en hebras de oro por entre el verde follaje, hiriendo con sus finísimas puntas las trémulas gotas de rocío y el matizado cáliz de las flores? ¿Quién no ha sentido dentro de su alma, al escuchar sus sonoros cantos, los dulcísimos acentos de sus arpadas lenguas, una emocion de inesplicable alegría, esa bendita tranquilidad del alma que nos enagena y encanta, que nos arroba y trasporta á un mundo superior de purísimos goces, de celestiales dichas?
Fácil es adivinar la tierna impresion que produjera á las humanas criaturas un espectáculo tan admirable y conmovedor. Al aplicar su despierto oido, debieron intentar, acaso en vano, reproducir con la voz, por medio de diversas inflexiones, el armonioso canto de las aves; y si no lograron s deseo, procuraron, al menos, dar suelta á la poesía del sentimiento, á las explosiones del alma, á los acentos sagrados del corazon.
Bajo este concepto, la música reconoce un orígen elevadísimo, grande sublime, y tan lejano como los primeros días de la tierra.
El canto ha nacido como el hombre; testimonios irrecusables de esta verdad nos ofrecen hasta los pueblos mas groseros y salvajes.
La poesía, la música, la danza fueron, por muchos siglos, las principales, por no decir las únicas, diversiones de los pueblos.
Estas tres formas, digámoslo así, de manifestar los sentimientos del alma, han constituido siempre una parte muy esencial de los regocijos públicos y de las ceremonias consagradas al culto de la Divinidad.
Cando elánimo se halla vivamente impresionado por un acontecimiento estraoridinario, el alma siente una verdadera necesidad de espresar con dulces acentos sus emociones, de significar, bajo una forma delicada sus tiernísimos sentimientos.
Y en vano el hombre, en las grandes impresiones, pretende manifestar sus afectos, la pena que le ahoga ó la suprema alegría que le exalta, por medio de palabras fuertes ó términos expresivos, pues la pintura será pálida, débiles los colores, y el cuadro harto pobre para descubrir en él todo el fuego de la pasión, la luz que guia al alma la llama ardiente en que se abrasa el pecho. No bastan ciertamente las palabras, ni las frases mas bellas, para expresar, con la viveza y animacion del espíritu, la fuerza espansiva de los sentimientos.
Así se observa que los pueblos, desde su orígen, para conmemorar sus grandes y mas notables acontecimientos, compusieron poéticas canciones, especie de poemas en los que se conservaba la tradicion histórica de todos los sucesos.
La fuente pura de la poesía y de la música se encuentra en el corazon del hombre enajenado, del sér agradecido que reconoce y adora al Omnipotente en los innumerables prodigios de la naturaleza, en sus soberbias obras, en sus jiganestas y magníficas concepciones. No desmiente nuestra opinion el que la raza humana haya permanecido durante muchos siglos, velada por la ignorancia, sin descubrir ese supremo Sér que le dio vida, única Divinidad á quien debia consagrar todo su cariño, su profundo amor y reconocimiento; en medio de sus vacilaciones é infinitos errores, reconoció una gran verdad, porque, á pesar de sus dudas y ridículas estravagencias, sintió un vivo y constante deseo de tributar á Dios el sincero homenaje de su gratitud eterna.
Por eso hemos dicho que la fuente donde bebió la música sus primeras inspiraciones, fué el sentimiento de lo bello, de lo grande y maravilloso; porque eso ennoblece, eleva y da dignidad al alma; por eso despierta en nuestro pecho las dulces emociones, los acentos tiernos, los generosos arranques, los mas sublimes rasgos.
La música, con sus melodías, con sus suaves y dulces cadencia, con ese ritmo sagrado y conmovedor, excita delicadamente nuestra sensibilidad, adecuando el sentimiento moral hasta un grado tan poderoso de mágica influencia, que llegan á trasformarse en suaves y dulces, en expansivos y tiernos, los caracteres mas ásperos y sombríos, mas salvajes y feroces.
¿Cómo no hemos de recomendar á la mujer un estudio para el que tanto se presta su delicada organizacion?
Conságrese el bello sexo á tan agradable tarea; goce de sus inocentes y dulcísimas distracciones, y no tema que por ese camino llegue al término fatal á que conducen otras estraviadas sendas, por donde se tropieza, cuando menos con ridículos ó frívolos pasatiempos.
07 December El baile en la Antigüedad
La revista El Correo de la Moda incluía en su número 367 publicado el 24 de agosto de 1860 este artículo sobre <El baile en la Antigüedad>, obra del escritor y periodista Enrique Hernández, en el que el autor ilustraba a las jovecitas a las las que iba destinada la revista sobre una cuestión tan en boga en la época como el baile. Respetamos la ortografía original.
El baile en la Antigüedad
A quien pertenece la gloria de la invencion del baile? De los escritores, antiguos y modernos, que se han dedicado á resolver este problema,unos se la conceden á Minerva, fundándose en que al participarla la derrota de los Titales, se puso á bailar; y otros á Castor y Polux. Luciano la atribuye a Petrea, y asegura que la enseñó a sus sacerdotisas en Frigia y en la Isla de Creta, y Teofrasto á un siciliano llmado Andou, natural de Catania. Nuestras lectoras pueden optar por la version que les parezca menos errónea. Lo que parece indudable es, que su antigüedad se confunde con la de los primeros pueblos: los Hébreos bailaron alrededor del Becerro de Oro, y Sócrates enseñó a bailar a Aspasia. Aparece igualmente demostrado que entre los antiguos no constituía un placer, sino que era accesorio importante de sus ceremonias religiosas y civiles, y que á un tiempo inspiraba simpatía y veneración. Platon, Sócartes y Licurgo dijeron de él: <que modificaba las costumbres y servia de interprete á las pasiones generosas y elevadas> Convertido en espresión de los placeres sensuales, andando el tiempo, fué proscrito. Y no debe atribuirse á otra causa que á esta el profundo desprecio que mas tarde inspiró á los romanos. Ciceron dijo: <ninguna mujer honrada y cuerda debe bailar>, y reprendió severamente al cónsul Gabino por haberlo hecho; Tiberio espulsó á los bailarines de Roma; Domiciano destituyó á los Senadores partidarios del baile, y Salustio acusó á una dama de la córte de haber bailado con mayor arte que el permitido á una mujer de sus prendas>. De lo dicho se desprende que el baile, religioso en su infancia, se convirtió, al desarrollarse, en profano. De las fiestas públicas y privadas pasó al teatro, en el que se perfeccionó hasta el estremo de conquistar la categoría de arte, dividiéndose y subdividiéndose en tantas fracciones, para satisfacer las exigencias del gusto y del carácter de la epoca, como inspiraba el genio y prescribia la índole de los actos públicos ó los placeres domésticos que presidia y animaba. He aquí los principales bailes ó danzas de las ceremonias religiosas y civiles de Grecia y Roma, cuyo recuerdo no se ha estringuido.
1º Bailes sagrados, que constituian parte del culto, y tenian lugar en los templos 2º Bailes fúnebres, que acompañaban á los entierros y se reducian á hacer ciertos movimientos graves y majestuosos, cinéndose al ritmo de la música. 3º Bailes profanos, que á su vez se dividian en:
Los bailes escénicos se reducian á cuatro
De los bailes oficiales solo mencionaremos:
La perfeccion del baile fué el signo de su muerte, porque lo perfecto no es del mundo. Estinguido con el último rayo de la civilización romana, surgió de su ocaso en la edad media, á la voz de un Médicis, á quien, según un escritor, se debe el renacimiento de la Pintura y la Música, de la Poesía y del Baile en Italia. Italia, pues, de la que ha dicho Silvio Pellico <que es cuna de todas las artes>, puede y debe ser considerada como madre del baile moderno.
Enrique Henandez
26 June Las Miniaturas José María de Larrea abre el número 370, del año X, de la revista madrileña destinada al público femenino con un artículo arreglado del francés bajo el título: <Las Miniaturas>, con el que intenta instruir deleitando a sus asiduas lectoras; la revista se publicó el 16 de septiembre de 1860, respetamos la ortografía original
LAS MINIATURAS
No será la primera vez que las lectoras del correo habrán oído hablar de los ellos dibujos que en los antiguos libros manuscritos ocupaban el lugar de los grabados que hoy adornan las obras que llamamos ilustradas; pero como serán pocas las que hayan podido ver alguna de estas preciosas iluminaciones, que se encuentran únicamente en antiquísimos códices, guardados cuidadosamente en privilegiadas bibliotecas ó en el gabinete de algun curioso bibliófilo, creemos que nos agradecerán les demos algunas noticias acerca de ellas. Si empezamos diciendo que miniatura es sinónimo de rúbrica, podrá esto á primera vista parecer estraordinario, y, sin embargo, veremos que no es difícil de comprender. Designábanse con la palabra rúbrica las letras encarnadas en los Ibros, de donde vino despues el dar el mismo nombre de rúbrica á la parte impresa con tinta encarnada, y posteriormente en caractéres itálicos en los misales y otros libros litúrgicos y hábiles calígrafos se ocupaban en copiar libros. Para que fuera mas fácil al lector encontrar el principio de los capítulos ó de los párrafos, empezaban por una letra encarnada, dándole este color con minio, que es un óxido de plomo: con el fin de hacer estas letras todavía mas visibles se las adornaba con arabescos, rasgos y hojas con las que los pámpanos de la viña, concluyendo por decorar los libros con dibujos, que recibieron el nombre de viñetas ó de miniaturas, porque reemplazaban a los adornos de hojas de viña y á las letras pintadas con minio. Estas pinturas, estas iluminaciones, hechas con mas ó menos talento, según el gusto del siglo y la capacidad del autor, eran siempre de pequeñas dimensiones y de un trabajo prolijo y minucioso. Encuéntranse ya miniaturas en manuscritos del siglo V, y el buen gusto que en ellas se observa continúa hasta el siglo X, en que se pierde para no volver á aparecen hasta el XIV, época en que presentan un verdadero mérito artístico. Las miniaturas dan un gran precio á los manuscritos, porque nos representan los trajes, armas y muebles de la época en que han sido hechas;; y aun algunas son copias de figuras mucho mas antiguas, de modo que nos conservan las imágenes de objetos perdidos hace mucho tiempo y que no conoceríamos quizá á no ser por este medio. El mas antiguo manuscrito que se conoce con miniaturas es el de Virgilio, que existe en la biblioteca del Vaticano. El manuscrito de Froissard, que se halla en la biblioteca imperial de París, es una fuente inagotable para obtener datos sobre un gran número de puntos de la historia de Francia y de la de Inglaterra. El Libro de los Torneos, publicado por el rey Renato, ofrece tambien muchas curiosidades. No es posible olvidar Las horas de Ana de Bretaña, el mas bello y rico manuscrito de este género que se conoce, verdadero modelo de arte. Las viñetas del manuscrito del evangelio de San Cuthbert, hechas por San Ethwald, ilustran muchos puntos relativos á la historia de las artes en Inglaterra. La paráfrasis poética del Génesis, escrita por Coedmon en el siglo XI da á conocer los instrumentos y utensilios de que se servían los anglo-sajones. Las miniaturas que acompañan la Historia de Ricardo, contienen los trajes de guerra del principio del siglo XV. En la catedral de Pisa existe un libro de coro en vitela, que se cree debe ser del siglo XII, donde Exulted que se canta el Sábado Santo, esta adornado con miniaturas representando animales y plantas. En España tenemos varios códices manuscritos con miniaturas, especialmente en la biblioteca nacional de Madrid y en la del Escorial, entre los que citaremos el célebre Códice Vigilano, que contiene todos los Concilios, desde el primero de Nicea hasta el décimo séptimo de Toledo, ademas de varias cartas pontificias, etc., remontándose su antigüedad al año 976, y estando escrito con hermosa letra gótica y adornado con miniaturas iluminadas; el Códice Emilianense escrito el año 994; el Códice arábigo escrito en el siglo XI; la Biblia manuscrita, con viñetas, del siglo XII, que regaló á la catedral de Toledo San Luis rey de Francia; y el precioso libro de coro con iluminaciones de Juan y José de Salazar, que se conserva en la biblioteca de la misma iglesia. En todas las naciones de Europa se encuentran generalmente miniaturas; pero en Francia y en Flandes es donde hizo este arte mayores progresos y donde mas llegó a generalizarse. Siguiendo las diferentes épocas históricas y ha medida que las tinieblas de los siglos de la edad media se disipaban ante los primeros destellos del renacimiento de las artes, los miniaturistas fueron perfeccionándose así en la composición como en el colorido. La época en que en Francia alcanzaron mayor grado de perfeccion, fue el reinado de Carlos V, cuyo hermano el duque de Berri era muy aficionado á los manuscritos adornados de este modo. A pesar del gran número de miniaturas que existen muy pocas llevan los nombres de sus autores, monjes la mayor parte de ellos. Entre los que han llegado a nosotros, podemos citar á Oderico de Gubio, canónigo de Siena, que vivia en 1233, citado por el Dante, Guido de Siena y Simon Menemi, que vivian en la misma época; Francisco de Bolonia, discípulo de Oderico; Cibo, monje del siglo XIV; fray Bernardo, que vivia en 1450 y que recibió el nombre del Bountalenti; Gerardo, muerto en 1470; Bartolomé Della Gatta, abad de San Clemente en 1490; Agosto Decio, milanés; J. B. Stefaneschi, religioso; Pedro Casarei, de Perusa, que adornó con miniaturas varios manuscritos que se conservan en la catedral de Siena; el padre Silvestre, religioso de Florencia; el padre Piaggi, teatino; Fonquet, miniaturista de Luis XI; Antonio de Compaigne, enterrado en París en la iglesia de San Severino; Julio Clovio, muerto en 1578, del que se conserva un misal adornado con viñetas del mejor gusto y excelentes dibujos; Gerónimo Ficino, que vivia en 1550; Jacobo Argenta de Ferrara, en 1561; Ana Seghers, en 1550; Juan Miclich, en 1572; y los ya espresados Juan y José de Salazar, naturales de Toledo, que vivian á fines del siglo XVI y principios del siguiente. Despues del descubrimiento de la imprenta los miniaturistas se ocuparon en adornar las iniciales de los libros ó en pintar viñetas al principio y al fin de los capítulos, especialmente en los misales y libros de horas; pero bien pronto los libros se multiplicaron tanto que hubiera sido difícil continuar iluminándolos de este modo. Estas pinturas han sido sustituidas mas modernamente con grabados llamados también viñetas, aunque ya no ofrezcan semejanza ninguna con los pámpanos de la viña. Los miniaturistas é iluminadores tuvieron, pues, que abandonar los libros y dedicarse á pintar otras cosas, especialmente retratos, que por su pequeñez conservaron el nombre de miniaturas. Adornábanse con estos retratos cajas de tabaco, brazaletes y hasta abanicos; y nuestros padres se retrataban en miniatura en las solemnes ocasiones de un casamiento, ó de una ausencia, etc. Ahora no habrá muchas de mis bellas lectoras que no posesa cien tarjetas-retratos en cartera, amén de otras ciento en circulación. El daguerrotipo y la fotografia han matado los retratos en miniatura, como la imprenta mató las miniaturas en los manuscritos. (Arreglo del francés)
José M. de Larrea 25 June Dante IIIA continuación insertamos el siguiente capítulo de la biografía de Dante Alhigieri que Cayetano Vidal publicó en el número 362 de la revista madrileña, destinada al público femenino, <El Correo de la Moda>, que vió la luz el día 16 de julio de 1860. Respetamos la ortografía original.
DANTE II. LEYENDAS (Continuación)
Algunos años habian transcurrido: el proscrito de Florencia arrastraba sus dolores y amarguras por las estrechas calles de la Cité, procurando apagar la memoria de las grandezas pasadas con la asistencia á las sesiones de la Sorbona, ó con la composición de aquellos inspirados conceptos, que constituyendo cada uno de por sí un robusto y bien labrado sillar, juntos debian componer el magnífico y sin par monumento levantado á la memoria de una mujer. Pero ni el triunfo obtenido sobre los doctores de aquella academia, cuyas cuestiones analizó, y digámoslo así, desmenuzó juntas y detalladamente; ni la aureola de gloria que debía rodear su nombre en lo porvenir, cuyos destellos entreveia en sus sueños de poeta, amortiguaban en el pecho el amor á la patria, a aquella patria que tan ingrata fuera con el defensor de sus libertades. Llegó un dia en que la reaccion torno a consolidarse en Florencia, y entonces haciendo un estraordinario sacrificio de amor propio, solicitó que se levanara la sentencia que le obligaba a vivir lejos de su bel San Gioanno. Más como para alcanzarlo se le impusieron severas humillaciones y bajezas, devorando sin duda las lágrimas que le arrancaran el dolor y el despecho, contestó con magnánima entereza: <Que en todas partes iluminaria el sol, y que si bien amargo, jamás le faltaria el pan.> La nieve de los años comenzó sin embargo á caer sobre aquella naturaleza gastada por los pesares, por los trabajos y por el estudio. Las húmedas y sombrías calles de la Cité traian con mas frecuencia á la memoria del peregrino las rientes praderas y floridos vergeles de su amada Italia: el aspecto del París del siglo XIII le hacia suspirar por su Florencia, con sus palacios, sus iglesias y sus castillos de gusto tan puro y delicado como los chapiteles, portadas y rosetones de Nuestra Señora, cuya grandiosa fábrica se acaba de construir. Apoderóse de él esa terrible enfermedad que se llama nostalgia, y á pesar de que pocos meses antes habia rechazado las proposiciones degradantes mediante las cuales se le consentia volver á su patria; á pesar de que se le representaba viva la memoria de aquellas humillaciones de que fuera víctima al entrar y salir de la casa agena en busca del amargo pan de la emigración, se decidió á volver á Italia. Allá en la antigua é ilustrada Ravenna, conservaba un amigo, que nunca, ni en sus dias de gloria, ni en sus años de infortunio olvidó al soldado de Campaldino. Guido Novello, seor de Polenta, moraba en aquella ciudad, y allí dirigió sus pasos el desterrado por los odios de partido.
¡Cuánta ternura, cuántas lágrimas, cuántos recuerdos, cuántos odios, temores y esperanzas se agolparian en la cabeza y el corazon del cantor de Francesca al poner la planta, después de quince años de ausencia, en las comarcas italianas! Y sin embargo pronto nuevos pesares debian lacerar su atribulado corazon. Al atravesar las ciudades güelfas, mal apagados aun los rencores de banderia, salian las mujeres y los niños, y acompañaban con rechiflas y maldiciones al desventura gibelino, que viejo, decrépito y desesperado, regresaba al suelo pátrio. Las mas prudentes, contenidas quizás por el respeto y la preocupación, apretaan contra su regazo á los pequeñuelos, y con misterioso tono y siniestro ademán les decian: <veis á aquel hombre? Pues ha estado en el infierno>.
Por lo menos si Dante hubiese podido oir semejante observación, habriase regocijado al considerar que su Cántico del Infierno, la primera parte de su poema, el dilatado manuscrito que entregara quince años antes al prior de Santa Croce se habia generalizado, ya que hasta las mujeres en su piadosa preocupación creian que el cantor de las miserias humanas habia realmente presenciado los cuadros de horror y desesperacion, hijos solos de su ardiente fantasía y observacion profunda y detenida.
Cuéntase, sin embargo; y esto pudo compensar en parte al vate florentino de tanto desprecio como habia debido apurar, que al discurrir por una de las calles de otro de los pueblos a atravesar debia para llegar á la mansion de Guido, oyó á un chapucero que el compás de su martilleteo entonaba, ó que mejor decir, destrozaba los preciosos versos de aquella cancion que compusiera un dia en honor de Beatriz; aquella cancion que puesta por Dante en boca de Casella empieza: <Amor che nella mente me raciona.>
Entonces entró en la tienda, y topando cuanto halló á mano echólo por el suelo, diciéndole al atónito menestral: -- <Tu musitas mis versos y destruyes mi propiedad, yo arrojo al suelo los instrumentos de tu oficio: estamos pagados.>
Cayetano Vidal |
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